Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 20/7/2012

La vida cristiana es una vida feliz; es una vida llena de alegría. ¿Por qué recurre alguna persona a la bebida? Porque se siente miserable. Desea estar feliz; pero está triste. Al pensar en la vida se agranda su tristeza. Se fija en otras personas y las ve tan tristes como él mismo; sin embargo, lo único que él desea es estar feliz. Está en busca de la alegría, en busca de la felicidad. "¿También estás en busca de felicidad y alegría?" pregunta el apóstol.

Muy bien, si es así, 'sed llenos del Espíritu'. "No os embriaguéis con vino en lo cual hay disolución; mas bien sed llenos del Espíritu". ¿Habías pensado que esta vida cristiana es aburrida e insípida? En ese caso estás totalmente equivocado en tu concepto. "Pero", dice, "esa es la impresión que me da la gente cristiana". Tanto peor para ellos. Dios tenga misericordia de nosotros si alguna vez hemos representado esta vida como aburrida e insípida. Vuelvo a decir, es una vida emocionante, es feliz, es llena de regocijo. Escucha al Antiguo Testamento: "El gozo del Señor es vuestra fortaleza". Escucha al apóstol escribiendo a los filipenses, "Regocijaos en el Señor siempre; otra vez digo: regocijaos" (Fil. 4:4). En estos grandes términos se vive la vida y la fe cristiana.

Y es más aun; esta no es solamente una vida feliz y gozosa, es también una vida que lo capacita a uno a estar feliz y gozoso aun en medio de pruebas y tribulaciones. Escuche al apóstol Pedro diciendo lo mismo. El apóstol ha venido hablando del evangelio y de sus bendiciones y dice: "En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas" (1P. 1:6). Aquella gente estaba viviendo tiempos muy duros y difíciles, estaban en medio de pruebas y tribulaciones; sin embargo, él dice, "yo sé que ustedes se regocijan en gran manera". En el versículo ocho de este mismo capítulo, el apóstol añade aun más a sus palabras. Hablando de Cristo dice: "a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso". Esto es el cristianismo. O bien volvamos al apóstol Pablo y a la forma en que lo expresa en Romanos 5. El apóstol ha estado diciendo que siendo justificados por fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, "por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones... "Los cristianos se regocijan aun en medio de las tribulaciones. ¿Cómo es que lo hacemos? Bien, dice el apóstol, es que tenemos una esperanza y porque "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". ¿Una vida miserable, una vida sin alegría? Esta es la única vida verdaderamente feliz.

En el Salmo 4, el salmista tiene idéntico mensaje para nosotros, "Muchos son los que dicen: ¿quién nos mostrará el bien?" Aquí está la respuesta: "Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro". Esa es la respuesta. "Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto". La gente, dice el salmista, nunca está tan alegre como en el tiempo de la cosecha. Es entonces que han reunido el grano, han cosechado el fruto y han hecho el vino. Han entrado la cosecha, cosa que ahora celebran con alegría. Comen y beben y hablan y están alegres. Se ha terminado con el trabajo de verano y otoño, y todo el mundo está listo para el invierno. Este es un tiempo de gran alegría. Pero, dice el salmista, "Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto". Con frecuencia las alegrías naturales conducen a la miseria y a la infelicidad, conducen a la 'mañana siguiente a la noche anterior', conducen al remordimiento y agotamiento. Pero el gozo del Señor no sólo me da alegría para la noche, sino también para la mañana, para el día siguiente y para diez y veinte años más tarde cuando esté al punto de la muerte, y aun después, para siempre en gloria. "Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto". Esta es la única alegría que también continúa en la adversidad. 'Mi gozo', dice Cristo a la sombra de la cruz, "Mi gozo os doy y nadie lo quitará de vosotros". Gracias a Dios, el mundo no lo puede quitar, porque se trata del gozo del Señor, es el gozo del Espíritu Santo.

 

Otra característica de la vida cristiana es una vida de buen humor. El otro hombre quiere tener buenos compañeros, quiere tener buen humor, felicidad, y afirma que uno no puede tener buen humor sin la bebida. He leído libros muy serios sobre esto. "El buen humor", afirman, "es imposible sin el estímulo del alcohol".  Sin embargo, piensan que disfrutan de la jovialidad y de la amistad. El apóstol responde que es sólo aquí donde lo encuentra realmente: "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales". Por supuesto, los cristianos anhelan la compañía de los otros. Si no le gusta la compañía de otros cristianos, yo no veo que pueda ser un cristiano. "Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos". ¿Acaso hay alguna cosa sobre la tierra comparable a la reunión con otros cristianos? Yo sacrificaría cualquier cosa que el mundo pudiera ofrecerme por pasar cinco minutos con un santo. ¿Y qué es lo que puede ofrecer el mundo, tomando de lo mejor que tiene, de lo más elevado, de todos sus palacios, y de toda su cultura, de toda su arte y literatura, tomando de todo lo que ofrece, si uno lo compara con el compañerismo con otros cristianos? Nada se compara al compañerismo con mentes bondadosas y cristianas, al compañerismo de los hijos de Dios reunidos, hablando entre ellos sobre la gran liberación y sobre la nueva vida y la bendita esperanza que está delante de ellos, hablando del hogar celestial, de la gloria venidera, conviviendo con felicidad, enfrentando juntos los problemas, ayudándose unos a otros, fortaleciéndose mutuamente y estimulándose el uno al otro. Esa es la alegría de los cristianos que viven en comunidad en la vida de la iglesia. Mientras se trate de auténticos cristianos, nada hay que se le parezca. El hecho de ser un miembro de la iglesia no necesariamente le da esta riqueza; la moralidad ciertamente no lo hace. Pero si los miembros de su iglesia están llenos del Espíritu, entonces éste es el resultado: ellos se aman mutuamente, sienten interés el uno por el otro, hay compasión y un deseo de ayudarse, y todos juntos experimentan un gran gozo en espíritu, alabando al Señor, cantando y anticipando juntos lo que aún les espera.

De esta manera, mediante el uso de tan extraña comparación, el apóstol ha abierto una visión ante nosotros y nos ha dado un anticipo de algunas de las glorias esenciales de la vida cristiana. No, no se trata meramente, y no se trata solamente, de una vida en la que uno no se embriaga, en la que uno no va al cine, no fuma, no hace esto, no hace aquello. Puede abstenerse de todas aquellas cosas y aún no ser cristiano. El cristiano es una persona que es estimulada por el Espíritu Santo. Es alguien cuya personalidad se ha ampliado; es feliz, gozoso, de buen humor y útil. El cristiano vive la vida más encantadora y emocionante que uno puede imaginarse, y todo es producto del Espíritu Santo. Nada más y nadie más puede producir todas estas cosas y producirlas todas al mismo tiempo. Una persona con gran voluntad o de elevada moral puede controlarse. Ello es cierto, pero esa persona no puede ser feliz por sí solo. Por ese motivo he denunciado al tipo de persona que es meramente moral, a la persona que da la impresión que el cristianismo es algo negativo y triste.

Pero permítaseme decir esto también, a fin de ser justo, denuncio del mismo modo al tipo de cristiano que trata de producir una alegría y un espíritu airoso que es falso, fingido y ficticio. Esa no es obra del Espíritu Santo. Me refiero a aquellas personas que se visten de una alegría voluble y dicen, "Yo siempre demuestro que como cristiano soy una persona feliz". El efecto que siempre producen sobre mí estas personas es que me siento extremadamente miserable al ver la exhibición de su carnalidad y comprobar que no comprenden la doctrina del Espíritu Santo. Ellos mismos tratan de crearlo y usarlo como si fuese una capa. Luego tratan de inyectar brillo y alegría en sus reuniones. Incluso hablan de edificios brillantes y alegres. Algunos in¬cluso afirman que semejantes edificios son esenciales para la obra evangelística. Eso es ebriedad, eso es disolución, eso es semejante al efecto del alcohol; ese es el hombre tratando de producir una apariencia de felicidad.

No hay nada más repulsivo que una persona tratando de dar la impresión de ser feliz. El cristiano no lo hace porque él es feliz. En él está el estímulo del Espíritu Santo, en él está el gozo del Señor. No hay nada de exhibicionismo en él.  No hay fingimiento ni se trata de engaño. No se ve tanto al hombre como al Señor que hace de él lo que es. Es el 'gozo en el Espíritu Santo'. "El fruto del Espíritu es amor, gozo...". Esa es la obra del Espíritu Santo. Por eso, abominemos y reprobemos al tipo de cristiano que da la impresión que la vida cristiana es miserable; pero del mismo modo, abominemos y reprobemos a la clase de cristiano que da la impresión de que el cristianismo es una forma de brillo, una actitud airosa, un estado de constante ocupación y un exhibicionismo, que no es sino la carne y que al final de cuentas cae en la categoría del efecto que es producido por el exceso del vino. "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos del Espíritu”


Extracto de "Vida nueva en el  Espíritu", por el Dr. Martyn Lloyd-Jones