Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 5/12/2013

​ ¿Qué quiere decir 'tener hambre y sed'? Desde luego que no quiere decir que podemos alcanzar esa justicia con nuestros propios esfuerzos.  Esta es la idea mundana de justicia, que se centra en el hombre mismo y lleva al orgullo del fariseo, o al orgullo de una nación frente a otras por considerarse mejor y superior.

​Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados:
Hasta ahora he venido presentando más bien los aspectos negativos; ahora voy a expresarlo en una forma más positiva. Tener hambre y sed de justicia no es sino desear ser positivamente santo. No se me ocurre una mejor definición que ésta. El que tiene hambre y sed de justicia es el que desea vivir las Bienaventuranzas en su vida diaria. Es el que desea mostrar los frutos del Espíritu en todas sus acciones, en toda su vida y actividades. Tener hambre y sed de justicia es ansiar ser como el hombre del Nuevo Testamento, el hombre nuevo en Cristo Jesús. Esto significa que todo mi ser y toda mi vida serán así. Más aún. Significa que el deseo supremo que uno tiene en la vida es conocer al Padre y vivir en intimidad con El, andar con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

'Nuestra comunión,' dice Juan, 'verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.' También dice, 'Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.' Estar en comunión con Dios quiere decir andar con Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo en la luz, en esa pureza y santidad benditas. El que tiene hambre y sed de justicia es el que anhela esto por encima de todo. Y a fin de cuentas no es nada más que un anhelo y deseo de ser como el Señor Jesucristo. Mirémoslo; contemplemos lo que los Evangelios dicen de él; contemplémoslo en la tierra encarnado; veámoslo en su obediencia a la ley santa de Dios; veámoslo cómo reacciona frente a otros, en su amabilidad, compasión y sensibilidad; veámoslo en sus reacciones ante sus enemigos y ante todo lo que le hicieron. Ahí está la imagen, y ustedes y yo, según la doctrina del Nuevo Testamento, hemos nacido de nuevo y hemos sido hechos otra vez según esa imagen y semejanza. El que, por tanto, tiene hambre y sed de justicia es el que desea ser así. Su deseo supremo es ser como Cristo.

Muy bien, si esto es la justicia, consideremos el otro término, 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia.' Esto tiene gran importancia porque nos sitúa frente al aspecto práctico de este asunto. ¿Qué quiere decir 'tener hambre y sed'? Desde luego que no quiere decir que podemos alcanzar esa justicia con nuestros propios esfuerzos.  Esta es la idea mundana de justicia, que se centra en el hombre mismo y lleva al orgullo del fariseo, o al orgullo de una nación frente a otras por considerarse mejor y superior.

Conduce a esas cosas que el apóstol Pablo enumera en Filipenses 3 y a las que considera como 'pérdida,' la confianza en uno mismo, el creer en sí mismo. 'Tener hambre y sed' no puede significar esto, porque la primera Bienaventuranza nos dice que debemos ser 'pobres en espíritu' lo cual es la negación de cualquier forma de confianza en sí mismo.  Bien, pues, ¿qué significa? Quiere decir sin duda algunas cosas sencillas como éstas.  Quiere decir conciencia de nuestra necesidad, de nuestra profunda necesidad. Más aún, quiere decir conciencia de nuestra necesidad apremiante; quiere decir conciencia profunda, incluso hasta el dolor, de nuestra gran necesidad. Quiere decir algo que sigue hasta que se satisface. No quiere decir un sentimiento o deseo pasajero.

Recordarán cómo Oseas dice a la nación de Israel que siempre, por así decirlo, viene a arrepentirse para volver luego al pecado. Su justicia, dice, es 'como nube de la mañana' en un minuto desaparece. El camino adecuado lo indica en las palabras'— y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová.' 'Hambre' y 'sed'; no son sentimientos pasajeros. El hambre es algo profundo, hondo, que se sigue sintiendo hasta que se satisface. Duele, causa sufrimiento; es como hambre y sed verdaderas, físicas. Es algo que sigue en aumento y lo desespera a uno. Es algo que le hace sufrir y agonizar.

Permítanme emplear otra comparación. Tener hambre y sed es como alguien que desea una posición. Está inquieto, no puede estar tranquilo; trabaja y se ajetrea; piensa en ello y sueña con ello; su ambición es la pasión dominante de su vida. Tener 'hambre y sed' es así; el hombre 'tiene hambre y sed' de esa posición. O es como desear una persona. En el amor siempre hay un hambre y sed muy grandes. El anhelo principal del que ama es estar con el objeto de su amor. Si están separados no está tranquilo hasta que vuelven a estar juntos. 'Hambre y sed.' No necesito emplear estas ilustraciones. El salmista ha sintetizado esto a la perfección en una frase clásica: 'Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.' Tiene hambre y sed de El —esto es todo. Permítanme citar unas palabras del gran J. N. Darby que creo expresan muy bien esto, 'Tener hambre no basta; debo realmente morir de hambre por saber qué sentimientos hay en su corazón respecto a mí.' Luego viene la frase perfecta. Dice, 'Cuando el hijo pródigo tuvo hambre fue a alimentarse de bellotas, pero cuando se sintió morir de hambre, fue a su padre.'

Esta es la situación. Tener hambre y sed quiere decir estar desesperado, morir de hambre, sentir que la vida se acaba, caer en la cuenta de la necesidad apremiante de ayuda que tengo. 'Tener hambre y sed de justicia' —'como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama— así tiene sed — por ti, oh Dios, el alma mía.'

Finalmente, veamos brevemente lo que se promete a los que son así. Es una de las afirmaciones más maravillosas de toda la Biblia. 'Felices, felices,' 'bienaventurados, merecen ser felicitados los que tienen hambre y sed de justicia. ¿Por qué? Bien, porque 'ellos serán saciados,' recibirán lo que desean. Todo el evangelio se encierra en esto.

Ahí entra el evangelio de gracia; es todo el don de Dios. Nunca se hallará la justicia ni la bienaventuranza aparte de Él. Para conseguirla, sólo se necesita reconocer la necesidad que se tiene de Dios, nada más.

Cuando reconocemos esta necesidad, esta hambre profunda, esta muerte que hay en nosotros, entonces Dios nos llena, nos concede este don bendito. 'El que a mí viene nunca tendrá hambre.' Esta es una promesa absoluta, de modo que si tenemos verdaderamente hambre y sed de justicia seremos saciados. No cabe duda ninguna.

Asegurémonos de no tener hambre y sed de bienaventuranza, sino hambre y sed de justicia, anhelar ser como Cristo, y entonces conseguiremos eso y la bienaventuranza.

¿Cómo sucede? Sucede —y esto es lo glorioso del evangelio— de inmediato, gracias a Dios. 'Ellos serán saciados' de inmediato, de esta forma —que en cuanto lo deseamos de verdad, Cristo y su justicia nos justifican y la barrera del pecado y de la culpa entre Dios y nosotros desaparece. Confío en que nadie se sienta inseguro de esto. Si realmente creen en el Señor Jesucristo, si creen que en esa cruz murió por nosotros y por nuestros pecados, hemos sido perdonados; no tienen por qué pedir perdón, han sido perdonados. Han de dar gracias a Dios por ello, de que se les dé de inmediato la justicia, de que la justicia de Dios se les impute. Dios los ve en la justicia de Cristo y ya no ve más el pecado. Lo ve como pecador al que El ha perdonado. Ya no están bajo la ley, sino bajo la gracia; han sido llenados con la justicia de Cristo en todo este asunto de su situación frente a Dios y de su justificación —verdad maravillosa y sorprendente.

El cristiano, por tanto, debería ser siempre alguien que sabe que sus pecados son perdonados. No debería buscar esto, debería saber que lo posee, que ha sido justificado en Cristo libremente por la gracia de Dios, y que el Padre lo ve como justo. Gracias a Dios porque sucede de inmediato.

Pero también es un proceso que continúa. Con esto quiero decir que el Espíritu Santo, como ya se ha dicho, comienza dentro de nosotros la obra de liberarnos del poder del pecado y de la contaminación de pecado. Tenemos que tener hambre y sed de esta liberación del poder y de la contaminación. Si la tenemos lo obtendremos. El Espíritu Santo vendrá a nosotros y producirá 'así el querer como el hacer, por su buena voluntad.' Cristo vendrá a nosotros, vivirá en nosotros; y al vivir en nosotros, seremos liberados cada vez más del poder del pecado y de su contaminación. Podremos más que vencer sobre estas cosas que nos asaltan, de modo que no sólo conseguimos esta respuesta y bendición de inmediato; sigue actuando mientras andamos con Dios, con Cristo y con el Espíritu Santo que vive en nosotros. Podremos resistir a Satanás, el cual huirá de nosotros; podremos enfrentarle y resistir sus ataques, y durante todo el tiempo la obra de verse libres de la contaminación proseguirá dentro de nosotros.

Pero desde luego que esta promesa se cumple en toda su perfección y absolutamente en la eternidad. Llegará un día en que todos los que están en Cristo y le pertenecen se presentarán ante Dios sin falta, sin reproche, sin arruga. Todas las manchas habrán desaparecido. Un hombre nuevo y perfecto en un cuerpo perfecto. Incluso este cuerpo de humillación será transformado y glorificado y será como el cuerpo glorificado de Cristo. Estaremos en la presencia de Dios, absolutamente perfectos de cuerpo, alma y espíritu, el hombre todo lleno de una justicia perfecta, completa y total que habremos recibido del Señor Jesucristo. En otras palabras estamos de nuevo frente a una paradoja. ¿Se han dado cuenta de la contradicción evidente que hay en Filipenses 3?
Pablo dice, 'no que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto,' y luego unos versículos más adelante dice, 'así que, todos los que somos perfectos.' ¿Contradice lo que ha dicho antes? En absoluto; el cristiano es perfecto, y sin embargo ha de llegar a ser perfecto. 'Por él,' dice escribiendo a los Corintios, 'estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.' En este momento soy perfecto en Cristo, y con todo me perfecciono. 'No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo... prosigo a la meta.' Sí, se dirige a cristianos, a quienes ya son perfectos en este asunto de entender en cuanto al camino de la justicia y justificación. Con todo, su exhortación a los mismos en un sentido es, 'sigamos pues hacia la perfección.'

No sé qué piensan en cuanto a esto, pero para mí es fascinador. Vemos al cristiano como a alguien que tiene hambre y sed y al mismo tiempo es saciado. Y cuanto más saciado es, tanta más hambre y sed tiene. Esta es la bendición de la vida cristiana.
Sigue adelante. Se alcanza un cierto nivel en la santificación, pero uno no se detiene a descansar ahí por el resto de la vida. Se sigue cambiando de gloria en gloria hasta llegar al puesto que nos corresponde en el cielo. 'De su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia,' gracia y más gracia. Sigue siempre adelante; perfecto, pero todavía no perfecto; con hambre y sed, pero saciado y satisfecho, pero deseando más, sin tener nunca bastante porque es tan glorioso y maravilloso; plenamente satisfechos por El y con todo con un deseo supremo de 'conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.'

¿Han sido saciados? ¿Son bienaventurados en este sentido? ¿Tienen hambre y sed? Estas son las preguntas. Esta es la promesa gratuita y gloriosa de Dios a todos estos: 'Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.'

Extracto del  libro: El sermón del monte, del Dr.  Martin Lloyd-Jones