Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 27/3/2014

​El cristiano, por ser un hombre nuevo, por haber recibido una vida nueva de Cristo, por haberse dado cuenta de que se lo debe todo a Cristo y a su obra, se dice a sí mismo, 'No me pertenezco; he sido comprado a gran costo.' Por ello quiere vivir toda su vida para gloria de Aquel que murió por él.

​Gozo en la Tribulación

En esta ampliación de la última Bienaventuranza nuestro Señor sigue arrojando mucha luz sobre el carácter del cristiano. Como hemos dicho repetidas veces, hay dos formas distintas de considerarlo. Se lo puede considerar tal como es, en sí mismo, y también por la forma como reacciona a lo que le sucede. Siempre se pueden hacer ciertas afirmaciones en cuanto al cristiano. Pero comprende uno mucho más cómo es cuando uno lo observa en su relación y conducta con los demás. Los dos versículos que vamos a estudiar ahora pertenecen a esta segunda clase, porque vemos al cristiano en sus reacciones ante la persecución.

Hay tres principios en cuanto al cristiano que se infieren con claridad de cuanto el Señor nos dice aquí. Son bastante obvios; pero con todo creo que todos nosotros debemos confesarnos culpables de  olvidarlos.

El primero vuelve a ser que es distinto del no cristiano. Ya hemos repetido muchas veces esto por qué es sin duda el principio que nuestro Señor quiso subrayar por encima de todo. El Señor mismo dijo, como recordarán, 'No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada' (Mt. 10:34). En otras palabras, 'El efecto de mi ministerio será división, incluso entre padre e hijo, y madre e hija; y los enemigos del hombre serán más bien los de su casa.' El  evangelio de Jesucristo crea una división bien marcada entre el cristiano y el que no lo es. El no cristiano mismo lo demuestra persiguiendo al cristiano. La forma en que lo persigue no importa; el hecho es, que sea en la forma que fuere, lo va a hacer. El no cristiano tiene antagonismo al cristiano. Por esto, como vimos en el capítulo anterior, la última Bienaventuranza es una piedra de toque tan sutil y profundo del cristiano. Hay algo, como vimos, en el carácter del cristiano, por ser semejante a nuestro Señor, que atrae siempre persecución. Nadie ha sido nunca perseguido en este mundo como lo fue el Hijo de Dios mismo, y 'no es el siervo más que su señor.' Por ello tiene el mismo destino. Esto vemos, pues, aquí como principio clarísimo y sobresaliente. El no cristiano tiende a burlarse, perseguir y a decir toda clase de falsedades en contra del cristiano. ¿Por qué? Porque es básicamente diferente, y el no cristiano lo ve. El cristiano no es como los demás sólo que con alguna diferencia mínima. Es esencialmente diferente; tiene una naturaleza diferente y es un hombre diferente.

El segundo principio es que la vida del cristiano la domina y dirige Jesucristo, la lealtad a Jesucristo, la preocupación por hacerlo todo por Cristo. 'Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.' ¿Por qué se les persigue? Porque viven por Cristo. De esto deduzco que el objetivo todo del cristiano debería ser vivir por Cristo y ya no por sí mismo. La gente anda en desacuerdo y se persiguen unos a otros, incluso cuando no son cristianos, pero no es por Cristo. Lo peculiar en el caso de la persecución del cristiano es que es 'por causa de Cristo.' La vida del cristiano debería dominarla y dirigirla siempre el Señor Jesucristo y el pensamiento de qué será agradable a sus ojos.

Esto se encuentra en todo el Nuevo Testamento. El cristiano, por ser un hombre nuevo, por haber recibido una vida nueva de Cristo, por haberse dado cuenta de que se lo debe todo a Cristo y a su obra, se dice a sí mismo, 'No me pertenezco; he sido comprado a gran costo.' Por ello quiere vivir toda su vida para gloria de Aquel que murió por él, que lo compró y resucitó. Por esto desea entregárselo todo, 'cuerpo, alma y espíritu,' a Cristo. Creo que estarán de acuerdo en que esto es algo que no sólo lo enseñó nuestro Señor; las Cartas del Nuevo Testamento lo subrayan a cada paso. 'Por causa de Cristo' es el motivo, el gran motivo rector en la vida del cristiano. Esto nos distingue de los demás y nos ofrece una prueba adecuada para nuestra profesión de la fe cristiana. Si somos cristianos de verdad, nuestro deseo debe ser, por mucho que fallemos en la práctica, vivir para Cristo, glorificar su nombre, vivir para glorificarlo.

La tercera característica general del cristiano es que su vida deberían dirigirla pensamientos del cielo y de la vida venidera. 'Gozaos y alegraos, por qué vuestro galardón es grande en los cielos; por qué así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.' Otra vez estamos frente a algo que forma parte de la trama y urdimbre de la enseñanza del Nuevo Testamento. Es algo vital y que de hecho se encuentra en otros pasajes. Pasemos revista a ese maravilloso resumen del Antiguo Testamento en Hebreos 11. Contemplemos esos hombres, dice el autor, esos héroes de la fe. ¿Cuál fue su secreto? Fue sólo que dijeron, 'no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.' Fueron todos hombres que buscaban 'la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.' Este es el secreto. Debe por tanto ser parte esencial del distintivo del cristiano, como se nos recuerda aquí.

Volvemos a ver esta diferencia obvia entre el cristiano y el que no lo es. El no cristiano hace todo lo posible por no pensar en el mundo venidero. Esta es la raíz del afán de placeres de nuestros días. Es una gran conspiración y esfuerzo por dejar de pensar, y sobre todo por no pensar en la muerte y en el mundo venidero. Esto es típico del no cristiano; no hay nada que odie tanto como hablar de la muerte y de la eternidad. Pero  el cristiano, por otra parte, es alguien que piensa mucho acerca de estas cosas, y les dedica tiempo; son los grandes principios rectores en toda su vida y perspectiva.

Veamos ahora cómo se ilustran estos principios en función de la forma en que el cristiano se enfrenta con la persecución. Así lo presenta nuestro Señor. Hace tres afirmaciones concretas. Al considerarlas en conjunto, recordemos una vez más que estos versículos se aplican sólo a los que de verdad son perseguidos por causa de Cristo y no por alguna otra razón. Nuestro Señor lo consideraba tan importante que lo repitió. Las bendiciones de la vida cristiana se prometen sólo a los que  obedecen las condiciones, y a cada promesa va siempre vinculada una condición. La condición en este caso es que la persecución no debe ser nunca por algo que somos como hombres naturales; es por lo que somos como hombres nuevos en Cristo Jesús.