Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 22/5/2014

Vosotros -los creyentes- sois la luz del mundo.     Nuestro Señor no sólo afirma que el mundo está en un estado de tinieblas; llega a decir que nadie, sino el cristiano, pueden dar consejo y enseñanza respecto a ello.  Esto a pesar de la gran cantidad de filósofos, psicólogos y otros especialistas que se acercan al problema del hombre... sin dar solución a su estado.

Los mayores pensadores y filósofos se sienten desconcertados ante los tiempos actuales y me sería muy fácil presentarles muchas citas de sus escritos para demostrarlo. No importa que lo considere en el campo de la ciencia pura o de la filosofía respecto a estos problemas definitivos; los escritores no aciertan a explicar o entender su propio siglo. La razón está en que su teoría básica es que lo que el hombre necesita es aumentar el saber. Creen que si el hombre tuviera esos conocimientos los aplicaría por necesidad a la solución de sus problemas. Pero es evidente que el hombre no lo está haciendo. Tiene los conocimientos, pero no los aplica; y esto es lo que deja perplejos a los 'pensadores.' No entienden el problema verdadero del hombre; no son capaces de decirnos dónde está la raíz del estado actual del mundo, y todavía menos, por tanto, son capaces de decirnos qué se puede hacer por resolverlo.

 Recuerdo hace unos años, que leí la crítica de un libro que trataba de estos problemas; la crítica la escribió un conocido profesor de filosofía de este país. Se expresó así. 'Este libro en cuanto a análisis es muy bueno, pero no va más allá del análisis y por esto no ayuda gran cosa. Todos sabemos analizar, pero la pregunta vital que queremos que se responda es, ¿Cuál es la raíz última del problema? ¿Qué se puede hacer? En cuanto a esto nada dice,' escribía, 'aunque lleva el impresionante título de La Condición

Humana.' Así es. Puede uno buscar una y otra vez en los mayores filósofos y pensadores y nunca lo llevan a uno más allá del análisis. Son excelentes en el planteamiento del problema y en presentar los distintos factores que actúan. Pero cuando se les pregunta dónde está la raíz última de ello, y qué piensan hacer, nos dejan sin respuesta. Es evidente que no tienen nada que decir. Es obvio que en este mundo no hay luz ninguna aparte de lo que ofrece el pueblo cristiano y la fe cristiana. Y no exagero. Quiero decir que si somos realistas tenemos que darnos cuenta de ello, y de que cuando nuestro Señor habló, hace cerca de dos mil años, no sólo dijo la verdad en cuanto a su propio tiempo, sino que también la dijo respecto a todas las épocas siguientes. No olvidemos que Platón, Sócrates, Aristóteles y todos los demás, habían enseñado varios siglos antes de que se pronunciaran estas palabras. Fue después de ese florecer sorprendente de la mente y el intelecto que nuestro Señor hizo esta afirmación. Contempló a ese grupo de personas ordinarias e insignificantes y dijo, 'Vosotros y sólo vosotros sois la luz del mundo.' Es una afirmación tremenda y estremecedora; y repetiría que por muchas razones doy gracias a Dios de estar predicando este evangelio hoy y no hace cien años. Si hubiera afirmado esto hace cien años la gente se hubiera sonreído, pero hoy ya no sonríe. La historia misma demuestra cada vez más la verdad del evangelio. Las tinieblas del mundo nunca han sido más evidentes que hoy, y frente a ellas tenemos esta afirmación sorprendente y profunda. Esta es la implicación negativa del texto.

 Consideremos ahora sus implicaciones positivas. Dice 'vosotros.' En otras palabras afirma que el cristiano ordinario, aunque quizá no haya estudiado nunca filosofía, sabe más de la vida y la entiende mejor que un gran experto que no sea cristiano. Este es uno de los temas básicos del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo al escribir a los corintios lo dice bien claramente cuando afirma, 'el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría,' y por tanto 'agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.' Esto que parece ridículo para el mundo es sabiduría de Dios. Esta es la paradoja extraordinaria que se nos plantea. La implicación de la misma debe ser obvia; muestra que somos llamados a hacer algo positivo. Esta es la segunda afirmación que hace nuestro Señor con respecto a la función del cristiano en este mundo. Una vez descrito al cristiano en general en las Bienaventuranzas, lo primero que dice luego es,

'Vosotros sois la sal de la tierra.' Ahora dice, 'Vosotros sois la luz del mundo,' sólo vosotros. Pero recordemos siempre que esto se dice de los cristianos ordinarios, no de ciertos cristianos solamente. Se aplica a todos los que con derecho alegan este nombre.

 De inmediato surge la pregunta, ¿Cómo, pues, se cumplirá en nosotros? Una vez más se nos conduce a la enseñanza referente a la naturaleza del cristiano. La mejor manera  de entenderlo, me parece, es ésta. El Señor que dijo, 'Vosotros sois la luz del mundo,' también dijo, 'Yo soy la luz del mundo.' Estas dos afirmaciones deben tomarse siempre juntas, ya que el cristiano es 'la luz del mundo' sólo por su relación con el que es 'la luz del mundo.' Nuestro Señor afirmó que había venido a traer luz. Su promesa es que 'el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.' Ahora, sin embargo, dice también, 'vosotros sois la luz del mundo.' Resulta, pues, que El y sólo El nos da esta luz vital respecto a la vida. Pedro no se detiene ahí; también nos hace 'luz'.

 Recuerdan cómo el apóstol Pablo lo dijo en Efesios 5, donde afirma, 'Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor.' Por esto no sólo hemos recibido luz, hemos sido hechos luz; nos convertimos en transmisores de luz. En otras palabras, es esta extraordinaria enseñanza de la unión mística entre el creyente y su Señor. Su naturaleza entra en nosotros a fin de que seamos, en un sentido, lo que El es. Es básico que tengamos presentes ambos aspectos de este asunto. Como creyentes en el evangelio hemos recibido luz, conocimiento e instrucción. Pero, además, ha pasado a ser parte de nosotros. Se ha convertido en nuestra vida, a fin de que así podamos reflejarlo. Lo notable, por tanto, y que se nos recuerda en este pasaje es nuestra relación íntima con El. El cristiano ha recibido y se ha convertido en partícipe de la naturaleza divina. La luz que es Cristo mismo, la luz que es en último término Dios, es la luz que hay en el cristiano. 'Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.' 'Yo soy la luz del mundo.' 'Vosotros sois la luz del mundo.' La forma de entender esto es mediante la comprensión de la enseñanza de nuestro Señor referente al Espíritu Santo en Juan 14-16 donde dice, de hecho, 'La consecuencia de su venida será ésta; Mi Padre y Yo moraremos en vosotros; estaremos en vosotros y vosotros estaréis en nosotros.' Dios, quien es 'el Padre de las luces,' es la luz que está en nosotros; El está en nosotros, y nosotros en El, y por ello se puede decir del cristiano, 'Vosotros sois la luz del mundo.'

Extracto del libro: "El sermón del monte" del Dr. Martin Lloyd-Jones