Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Sección de boletines de la iglesia

Boletín del día 9/9/2010

​Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.   (Sal. 137)

En ocasiones Dios actúa repentinamente dándonos aquello por lo que hemos orado durante mucho tiempo.  Este fue el caso de los judíos que estaban deportados en Babilonia.  "Cuando Dios escuche nuestra oración, seremos como los que sueñan", se decían.   Y Dios respondió repentinamente a las oraciones de su pueblo.  Apenas podían creerlo, pero allí estaba consumado el hecho: volvieron a su país con regocijo.  Dios escucha atentamente la voz de sus hijos y está presto para actuar en consecuencia cuando se ora de acuerdo a Su Voluntad.

Para que podáis discernir mejor cómo y cuándo vienen las cosas que habéis pedido en oración, os daré las siguientes instrucciones complementarias:

1. Cuando Dios hace algo en respuesta a las oraciones, suele hacerlo de tal manera que su mano puede verse más claramente que de ordinario. Pocas son las oraciones en que un hombre ha buscado a Dios con insistencia, sin que El se manifestara muy especialmente, moviendo muchos y poderosos resortes en el cumplimiento de la petición; mostrando, como David deseaba, "sus estupendas misericordias" (Salmo 17:7). Ciertamente, cuando Dios oye oraciones que se han estado haciendo durante largo tiempo, suele hacer una especie de milagro, en un sentido o en otro.

Ahora bien, son muchas las maneras en que Dios revela su intervención en la respuesta a la oración:

a) Llevando a cabo algo a través de muchas dificultades: cuando ha habido muchísimos obstáculos para lograr aquello que se había pedido, el menor de los cuales hubiera podido impedir que la llave funcionara; cuando Dios ha tenido que hacer, por así decirlo, una llave expresa para poder abrir; cuando Dios ha planeado e ideado todas las fases de un asunto por el que oraste, y así lo ha llevado a cabo, esto es señal de que ha sido fruto de la oración, y de que ha sido ella la que ha estado haciendo la llave todo el tiempo. Así fue cómo David fue traído al reino; José sacado de la cárcel; y Mardoqueo ensalzado. Por la oración de la iglesia Pedro fue liberado de sus cadenas (Hechos 12). Estaba durmiendo entre dos soldados, y si éstos hubieran despertado habría sido descubierto; estaba preso con dos cadenas, pero se le cayeron, de las manos (vs. 6, 7); los guardas estaban delante de la puerta, pero no se fijaron en él (v. 6); pasada la primera guardia, atravesó tranquilamente la segunda (v. 10), y a continuación la puerta de hierro se abrió por sí sola (v. 10). Estas dificultades se presentan en muchos asuntos que, sin embargo, se resuelven finalmente por medio de la oración: Las cadenas de hierro caen, las puertas de hierro de los corazones enemigos se abren; y aunque no ocurra de la misma manera milagrosa, por medio de un ángel, no es menos portentoso.

b) facilitando todos los medios para que lo suplicado se realice, de modo que todas las cosas conspiren y se combinen para ello: el viento y la marca, el día claro, el camino allanado (o, como dice David: "has allanado tu camino delante de ti"), etc. Se produce entonces una gran coincidencia de diversas circunstancias de faltar alguna de las cuales, quizás aquello por lo que se oró no hubiera acaecido. Cuando la cosa por la que se ha orado ha sido concedida de esta forma, es la oración la que lo ha hecho. Así vemos que, cuando Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto, lo cual fue cumplimiento de sus prolongados deseos y oraciones ("subió a Dios el clamor de ellos", dice el texto, Éxodo 2:23), ¡cómo fueron facilitadas las cosas! Aquellos que antes les habían privado el paso, vienen ahora a suplicarles que salgan; más aun, " apremiaban ", "dándose prisa", como dice el texto, y de noche precisamente, A tal extremo llegaron las cosas, que no se fueron sin ser antes sobornados por las joyas de los egipcios (Éxodo 12:31, 33, 35). El propio Faraón les despidió afablemente y con toda dignidad, pidiendo que orasen por él ("bendecidme también a mí", v. 32). Y más aun, para mostrar que no hubo resistencia alguna, dice el texto que ni un perro movió su lengua (11:7); es decir, no les estorbaron, precisamente a medianoche, cuando estos animales suelen ser más escandalosos ante el menor ruido.

c) Haciéndolo repentinamente, realizando, antes de que nos demos cuenta, aquello por lo cual se ha orado durante mucho tiempo. Tal fue el retorno instantáneo de la cautividad de Babilonia, fruto de muchas oraciones. Todo ocurrió en un momento ("seremos como los que sueñan-; Salmo 126:1). Apenas podían creerlo cuando se realizó. Fue por haber sembrado muchas oraciones (vs. 5, 6) que se cumplió de repente. Lo mismo sucedió en el caso de Pedro: estaba dormido profundamente, y ni soñaba en ser liberado. También en la liberación de José, junto con su ensalzamiento hasta llegar a ser el hombre más importante del reino, el carácter súbito de todo ello demostró que era Dios quien se acordaba de él y oía sus oraciones.

d) Concediendo lo pedido más abundantemente de lo que se había suplicado, y añadiendo otras muchas misericordias a lo que habíamos pedido por largo tiempo. También esto puede ser señal de que Dios lo hizo atendiendo a nuestras oraciones, pues cuando oye de veras, suele "hacer más abundantemente de lo que pedimos o entendemos", para ganar nuestro corazón más completamente. Así, David pidió "Largos años", y El le dio más de lo que había pedido (Salmo 21:2-5). Salomón pidió solamente sabiduría, El le dio mucho más de lo demandado: Paz, y riquezas y gloria al mismo tiempo (1 Reyes 3:12, 13). Ana pidió tan sólo un hijo varón (1 Samuel 1: 1l), pero Dios le concedió tres hijos más, y dos hijas (2: 21). En la respuesta a las oraciones, las gracias suelen venir en abundancia; aquello que hemos pedido no viene solo; del mismo modo que, cuando los pecados son castigados, los infortunios vienen sobre nosotros cual legiones. Como las tentaciones vienen juntas también, y caemos en muchas a la vez (Santiago 1:2), así también las misericordias.

e) Cuando algo ha sido concedido por la oración, suele haber alguna particular circunstancia que es señal de bien y nos confirma que es de Dios, de tal manera que no sólo lo percibe uno mismo sino otros también. "Haz conmigo señal para bien", dice David (Salmo 86:17), "y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados". Dios hace a menudo que tales señales sean pequeñas circunstancias. Las cosas pequeñas en sí pueden ser grandes señales e indicios. Por ejemplo: Moisés, Aarón, y los israelitas habían clamado insistentemente a Dios pidiendo la liberación de Su pueblo con muchas oraciones: "subió a Dios el clamor de ellos", como ya hemos dicho; pero cuando Dios los liberó, ¿qué señales hubo para bien, y para mostrar Su mano y Su respuesta a las oraciones de ellos? El texto refiere, como se ha dicho antes, que ni un perro ladró cuando salieron (Éxodo 11:7), lo cual, aunque no pasaba de ser una pequeña circunstancia, era al mismo tiempo un gran indicio (magnuni indicium), y como tal designado por Dios, pues el texto añade: " Para que sepáis que hará diferencia Jehová entre los egipcios y los israelitas". Fue señal de la mano de Dios el control de las lenguas de estos seres irracionales que suelen excitarse ante ruidos extraños y ante el paso de la gente, especialmente por la noche. Cuando Isaac y Abraham, y también su criado, hubieron orado pidiendo una esposa para el primero, ¿cuál fue la señal que Dios hizo para mostrar que había oído sus oraciones?. Rebeca fue la primera que salió al encuentro del criado. Si es la mujer designada para Isaac, dijo el criado, "que me ofrezca de beber a mí y a mis camellos también" (Génesis 24:13, 14). Esto era, en apariencia, cosa insignificante, pero gran indicio de la intervención de Dios; por lo cual el criado se inclinó y adoró a Jehová. Además, la señal en sí demostraba en Rebeca un buen carácter, una disposición bondadosa y cortés, cosa especialmente deseable en la elección matrimonial, lo que el criado posiblemente interpretó como señal de que era una esposa idónea.


Por Thomas Goodwin