Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 28/10/2010

​El desaliento es la flaqueza de las oraciones. Aunque uno crea que su persona ha sido aceptada dice: "¡Ay de mí, que mis oraciones son tan pobres y débiles, que Dios indudablemente no las tendrá en cuenta jamás!"

Para refutar esto, permíteme antes hacerte la siguiente pregunta: ¿Oras con todas tus fuerzas? Entonces, aunque tus fuerzas sean débiles en sí, y según tú alcanzas a ver, puesto que son todas las fuerzas de las  que dispones, y de las que la gracia dispone en ti, tu oración será aceptada, ya que . . . "será aceptada por lo que tiene, no por lo que no tiene" (II Cor. 8:12).

​Aplicación de lo que hemos considerado, con una reprensión para los que oran pero no observan la respuesta a sus oraciones. Causas de tal negligencia.

 a) Has de reflexionar que Dios no te oye por causa de tus oraciones, aunque no lo haga sin ellas, sino por amor de su nombre, por causa de Cristo, y porque eres hijo suyo. De la misma manera que una madre, cuando su hijito llora, y no porque llore más fuerte, sino porque llora, aunque sea un niño débil, y cuanto más débil es más se compadece de él, no descuida oír y aliviarle, más lo atiende sin condiciones, así también Dios te oye a ti.

b) Además, aunque la oración en sí sea débil, considerada como oración puede ser poderosa, pues puede mover al Dios fuerte a obrar. De la misma manera qué la fe corno acto obrado en nosotros puede ser débil, mas debido a que su objeto es Cristo, justifica; así también ocurre con la oración: no prevalece a causa de su propio poder, sino a causa del nombre en el cual se hace, el nombre de Cristo. Por lo cual, si una fe débil justifica, una oración débil prevalece tanto cómo una fuerte, y ambas por razón semejante; pues si la fe lo atribuye todo a Dios, lo mismo hace la oración. Fe es meramente recibir gracia, y oración pedir gracia. ¿Crees, pues, que tus oraciones son recibidas a pesar de su debilidad? Si son aceptas, han de serlo como tales oraciones. Y si son aceptas como oraciones, es motivo suficiente para que prevalezcan de modo que Dios conceda lo que pides; pues si no las aceptara con el fin para el que fueron designadas, es como si no las aceptara. Cuando aprueba la fe de un hombre como verdadera y genuina, la aprueba y acepta para el propósito con que fue designada, o sea el de salvar y justificar; y para este fin acepta tan plenamente el acto de fe más débil como el más fuerte. Lo mismo ocurre en el caso de las oraciones, las cuales, habiendo sido designadas como medio para obtener de Él beneficios, si las acepta, es sencillamente con relación a su cumplimiento, que es la finalidad de ellas.

c) Los hombres yerran en la apreciación de la flaqueza de sus oraciones. La juzgan por las expresiones y los dones demostrados en el acto mismo, o por el poder para despertar emociones; mientras que la fortaleza de la oración debiera estimarse por la fe, la sinceridad, la obediencia y los deseos que expresa. Así como no es el volumen de voz del predicador, sino la fuerza y la santidad del tema y el espíritu del que predica, lo que conmueve al oyente sabio e inteligente, tampoco son los dones los que conmueven al Señor, sino las gracias en las oraciones. Una oración no es más fuerte que otra, excepto en aquello que hace que mueva más o menos poderosamente a Dios. Véase lo que se dice de Jacob en Oseas 12:5: "Con su fortaleza venció al ángel". Las oraciones conmueven a Dios, no como el orador conmueve a sus oyentes, sino como el hijo conmueve a su padre. Dos palabras del niño, humillado y clamando a los pies de su padre, prevalecerán más que las oraciones escritas (Romanos 8). Es el intento del Espíritu lo que Dios mira, no la forma; pues el texto dice que los gemidos son indecibles. Las expresiones de Ezequías eran tan rudas e imperfectas, que dice: "Como la grulla y como la golondrina me quejaba" (Isaías 38:14). Mas Dios las oyó.

Por Thomas Goowin