Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 24/2/2011

​El salmista descubrió que su concepto acerca de los impíos era completamente falso. Se encontraba en el Templo. ¿Cuál era el origen del Templo? Esta pregunta que se hizo, le llevó a considerar toda la historia del pueblo de Dios, todos sus enemigos y toda la oposición que encontraron y que tuvieron que vencer. La historia es que Dios siempre libró a su pueblo, y derrotó a sus enemigos. La historia de la Iglesia Cristiana debe hacer lo mismo en nosotros. Lord Macaulay dijo una vez: "Ningún hombre que esté correctamente informado acerca del pasado estaría dispuesto a aceptar una  desesperada opinión del presente". Si esto es cierto en términos generales, es particularmente cierto en el ámbito de la fe cristiana. Es nuestra ignorancia sobre la historia de la Iglesia, y particularmente de la historia registrada en la Biblia, lo que frecuentemente nos causa tropiezo y desesperación.

Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. ¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores. Como sueño del que despierta, Así, Señor, cuando despertares, Menospreciarás su apariencia. Salmo 73

Hemos llegado al punto donde la forma de pensar del salmista fue corregido en términos generales. Procederemos ahora, a considerar cómo él llegó a pensar correctamente en ciertos aspectos particulares.

Una de las cosas que encontramos en la Biblia es que nos enseña historia. No podemos dejar de recordar frecuentemente historias como las del diluvio, de Sodoma y Gomorra, de los Filisteos, de los asirios, de los Babilónicos y de Belsasar. Todas nos enseñan la misma lección: el triunfo de Dios sobre sus enemigos. La que más se destaca entre todas es el hecho de la resurrección que muestra el triunfo final de Dios sobre el diablo y todos sus poderes. Su continua victoria se ve en todos los acontecimientos que se nos narran en los Hechos de los Apóstoles y, una majestuosa mirada del fin nos es dada en el libro de Apocalipsis.

La historia propiamente dicha de la Iglesia Cristiana desde los días de los Apóstoles continúa con lo mismo. Sabemos lo que ha pasado con potencias como la de los israelitas, la de los Romanos, etc., que han intentado exterminar a la Iglesia Cristiana. Conocemos también las otras épocas, historias de los mártires y de los primeros cristianos, la historia de la Iglesia Valdense, de los primeros Protestantes, de los Puritanos, de los Pactantes de la reforma religiosa escocesa. Ciertamente este presente siglo en el que vivimos nos ha proporcionado aun más evidencias.

La Biblia, sin embargo, no sólo registra la historia. Nos enseña a entender el significado de la misma. Nos enseña ciertos principios. El primero es que todas las cosas, aun los poderes satánicos, están controlados por la mano de Dios. Como el salmista lo expresa aquí en el versículo 18: "los has puesto en lugar resbaladizo...” No son agentes libres. Nada sucede fuera de Dios. "Jehová reina", "Por mí reinan los reyes". Es de vital importancia que entendamos bien esta doctrina de la providencia de Dios. Puede definirse así: "Es el continuo ejercicio de la energía divina con la que el Creador defiende a todas sus criaturas, opera en todo lo que pasa en este mundo y dirige todas las cosas a su establecido fin". Dios está por encima de todo, y como leemos en el Salmo 76:10: "Ciertamente la ira del hombre te alabará, tú reprimirás el resto de las iras”. En relación con esto tenemos que recordar la voluntad permisiva de Dios. Esto escapa a nuestro conocimiento, pero se enseña claramente que Él permite que pasen ciertas cosas para cumplir su propósito.

Otra cosa que vemos claramente aquí es la condición totalmente precaria y peligrosa del impío. Están "en lugar resbaladizo”. Todo lo que tienen es temporal. El salmista repentinamente vio con claridad lo mismo que Moisés cuando eligió "ser maltratado con el pueblo de Dios”, en lugar de "gozar de los deleites temporales del pecado”. No cabe duda que la vejez y decaimiento, la muerte y el juicio, vendrán. Lo más terrible del pecado es que ciega a los hombres para comprender esto. No ven que la pompa y la gloria duran sólo un momento. "Jehová reina; temblarán los pueblos”.

El salmista vio esto bien claro en el santuario de Dios y no solamente dejó de tenerles envidia, sino más bien da la impresión que empezó a compadecerse de ellos al darse cuenta de la verdad de su situación. Así, su opinión con respecto a los impíos fue corregida y probablemente no haya mejor prueba para nuestra profesión de fe cristiana que ésta. ¿Tenemos lástima de la ceguera de los impíos? ¿Tenemos una sensación de compasión de ellos que andan como ovejas sin pastor?

Extracto del Libro: "la fe a prueba" del Dr. Matin Lloyd-Jones