Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 5/5/2011

​​Lo que luego descubrió el salmista es que se actuó como un necio. La versión de Reina-Valera traduce el versículo 22 así: "Mas yo era ignorante”. Sin embargo, esta palabra realmente significa "necio" y es una palabra mejor. Era como una bestia, del todo irracional, portándose neciamente, y de una manera absurda. Así es verdaderamente, la condición que estamos describiendo y analizando. ¿Qué es lo que significa exactamente? Dice: "Tan necio era yo, e ignorante”. "Era", repite el énfasis: "Era como una bestia delante de ti”. Nuevamente notemos su honestidad, su verdadero trato consigo mismo. No se escatima a sí mismo para nada; vio la verdad acerca de sí mismo y dijo: "Era como una bestia delante de ti”.

​Lo que luego descubrió el salmista es que se actuó como un necio. La versión de Reina-Valera traduce el versículo 22 así: "Mas yo era ignorante”. Sin embargo, esta palabra realmente significa "necio" y es una palabra mejor. Era como una bestia, del todo irracional, portándose neciamente, y de una manera absurda. Así es verdaderamente, la condición que estamos describiendo y analizando. ¿Qué es lo que significa exactamente? Dice: "Tan necio era yo, e ignorante”. "Era", repite el énfasis: "Era como una bestia delante de ti”. Nuevamente notemos su honestidad, su verdadero trato consigo mismo. No se escatima a sí mismo para nada; vio la verdad acerca de sí mismo y dijo: "Era como una bestia delante de ti”.
¿Qué significa esto? Primero y antes que nada significa que estaba actuando instintivamente. ¿Cuál es la diferencia entre una bestia y un hombre? Parcialmente ya se ha sugerido la respuesta. Indudablemente el don supremo que Dios dio al hombre es el entendimiento, la razón y el poder para pensar. El animal puede ser muy inteligente, pero le falta esta verdadera cualidad y facultad de razonar, aunque a veces parecería lo contrario. Le falta la capacidad de salirse de si mismo, de considerarse a si mismo y a sus acciones. Es sólo el hombre quien puede hacerlo, y esto es parte de la imagen de Dios en él. El animal no hace esto, actúa instintivamente. No necesito dedicar mucho tiempo a ilustrar lo que quiero decir. Tomemos como ejemplo la migración de pájaros. El estudio de esto hace ver con claridad que es el instinto y no la inteligencia el factor gobernante de este maravilloso fenómeno. En otras palabras, el comportamiento animal es cuestión de una instintiva respuesta a un estímulo dado. El salmista nos dice que él se estaba comportando así. En otras palabras, él no dejó de pensar, no dejó de reflexionar y razonar su problema. Ser necio significa no pensar lógicamente, no pensar claramente. Tú y yo hemos sido hechos para pensar lógicamente, hemos sido hechos para pensar racionalmente, para pensar consecuentemente. Sin embargo, este hombre no estaba pensando así, actuó como un animal. El animal responde al estímulo inmediata y mecánicamente, sin ningún intervalo para pensar. Esto es lo que el salmista estaba haciendo. Y todos veremos, cuando pensamos en esto, cuan propensos somos a hacer lo mismo. Sin embargo, no es muy cristiano hacerlo.
Una de las más grandes diferencias entre el cristiano y el no cristiano debiera ser que el primero deja un intervalo entre el estímulo y la respuesta. El cristiano debiera siempre colocar todo en otro contexto. Debería tomar tiempo para pensar; no debería arribar a conclusiones inmediatas, tendría que analizar las cosas. En otras palabras, y ciertamente esto es de vital importancia, una de las marcas del cristiano, es la capacidad de pensar, de pensar lógica, clara y espiritualmente. Ahora bien, ¿no es este el objetivo de las Epístolas del Nuevo Testamento? ¿Qué es lo que dicen? Razonan con nosotros. Estas Epístolas fueron dadas a personas cristianas como nosotros quienes tenían sus problemas y perplejidades, y lo que todas dicen es simplemente esto: "No sólo reacciones a estas cosas. Piensa en ellas; ponlas en el contexto de los propósitos de Dios; relaciónalas con todo el panorama de la salvación y de la vida cristiana. Y después de haber hecho esto, pensarás de ellas en una forma diferente". El cristiano es una persona que piensa en una forma diferente a la del no cristiano. Su pensar es lógico, claro, calmado, controlado y equilibrado; y por encima de todo es espiritual. Piensa todo en términos de esta gran verdad que está en el Nuevo Testamento. El animal no lo puede hacer. "Era como una bestia delante de ti”; ¡fui un necio! Esta clase de comportamiento no es sólo semejante a la de un animal, sino que también es algo parecido a la de un niño. Un niño se comporta así porque sus facultades de razonar no se han desarrollado lo suficiente. Se apresura a dar conclusiones; reacciona al estímulo como un animal. Tiene que ser entrenado a pensar y a razonar, y dejar de ser necio.
Hay otra forma en donde el salmista encontró que era un necio. Evidentemente había tenido un enfoque bastante falso de la vida cristiana. Deseaba el placer todo el tiempo, y pensó que su vida iba a estar toda llena de felicidad y alegría. Esto es lo que le hizo quejarse y decir: "¡En vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia! He sido azotado todo el día, y castigado todas las mañanas”. Permítaseme preguntar directa y llanamente: ¿no es cierto esto de todos nosotros? Tenemos la tendencia de tomar los regalos, los placeres, la felicidad y el gozo sin decir mucho a Dios de todo esto. Sin embargo, cuando las cosas van mal, inmediatamente comenzamos a quejarnos. Damos por sentado nuestra salud y nuestras fuerzas, la comida y el vestido, nuestros seres queridos. Pero cuando las cosas van mal, inmediatamente comenzamos a quejarnos y decimos: "¿Por qué Dios ha hecho esto conmigo? ¿Por qué me tiene que suceder esto a mí?" ¡Cuan tardos somos para agradecer, y cuan rápidos para quejarnos! Sin embargo, así son los animales. Al animal le gusta ser acariciado y mimado. Come y disfruta de su comida. No obstante, cuando lo corregimos, no le gusta. Esto es típico del animal, y es típico también del niño. El niño toma todo lo que uno le da. Pero si le retiramos algo, se resiente. Esto es ser necio. Esto es el fracaso de no pensar. Esta es la actitud infantil, necia, animal. Sin embargo es así; fue así la actitud de este hombre y es también la nuestra.

Podemos enfocarlo de otra forma. Esta persona estaba dando por sentado las bendiciones y las alegrías. Todos nosotros creemos tener derecho a estos privilegios y que deberíamos gozar de ellas siempre. Por eso cuando nos son negadas, inmediatamente comenzamos a cuestionar y a preguntar. El salmista debió haberse dicho a sí mismo: "Soy un hombre santo, creo en Dios, estoy viviendo una vida santa y conozco algunos aspectos del carácter de Dios. Esto no se puede cuestionar. Hay ciertas cosas penosas que me están sucediendo, y veo que el caso de los impíos es muy diferente. No obstante, sin duda alguna, debe haber una muy buena razón para esto". Luego, debió haber buscado razones, y procurado una explicación. Si hubiera obviado así, indudablemente hubiera llegado a la conclusión que Dios tiene un propósito en todo esto. Ya hemos considerado algunas de las razones. Hubiera llegado a la conclusión que aunque él no lo entendía, Dios tenía una razón, porque Dios no hace nada irracionalmente. Hubiera dicho: 'estoy seguro de esto, y, por tanto, sea cual fuere la explicación, no es la que yo supuse al principio. Lo hubiera analizado.

Pero, ¡cuan difícil! nos es actuar así. Parecería que pensamos que como cristianos, no deberíamos tener problema alguno. Nunca nada debería irnos mal, el sol debería siempre brillar donde estamos, mientras que los impíos deberían constantemente tener problemas y dificultades. La Biblia no nos promete esto. Al contrario, dice "que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. Y dice también: "Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Fil. 1:29). Así que cuando comenzamos a pensar, vemos que la idea que nos vino instintivamente es completamente falsa y contraria a la enseñanza de la Biblia.


Extracto del Libro: La fe a prueba, del Dr. Martin Lloyd-Jones