Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Boletín del día 21/10/2011

​A través de los siglos no han habido nombres que hayan soportado tanto abuso como los que pertenecen a nuestro Padre celestial y a su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.  Son usados de diversas maneras:  como una maldición, en una conversación casual o formal, en discusiones seculares o teológicas, sus nombres se  tratan a menudo con falta de respeto más que con respeto o exaltación.

Martyn Lloyd Jones  ofrece esta perspectiva perspicaz sobre la manera en que usamos el nombre de Dios:
¡Qué ideas y nociones tan indignas tiene este mundo acerca de Dios!  Si pones a prueba tus ideas acerca de Dios a la luz de las Escrituras te darás cuenta rápidamente de lo que quiero decir, Carecemos hasta de un sentido adecuado de la grandeza, el poder y la majestad de Dios, Escucha a los hombres discutir acerca de Dios, y notarás la manera tan superficial en que usan el término... En verdad es casi alarmante observar cómo todos tendemos a usar el nombre de Dios. Obviamente no nos damos cuenta de que estamos hablando del Dios bendito, eterno, absoluto y todopoderoso. En cierto sentido, deberíamos quitarnos el calzado cuando usamos su nombre'.

Aunque podemos sentirnos incómodos y expresar nuestro disgusto cuando escuchamos a alguien usar el nombre de Dios en vano, nos vendría bien examinar la actitud de nuestros propios corazones. La indiferencia y falta de respeto que merece su Nombre por parte de aquellos que lo aman puede ser  atroz .

Desgraciadamente es este último problema el que a menudo abunda en el cristianismo. Cuando los creyentes tienen un bajo concepto de Dios, todo se concentra en satisfacer necesidades  dentro del cuerpo de Cristo. Cuando la iglesia adopta esa perspectiva, a menudo ofrece a la gente nada más que placebos  espirituales. Se centra en psicología, autoestima, entretenimiento
y miles de otras distracciones para tratar de satisfacer necesidades reales.

Es esencial, no obstante, que la iglesia y cada creyente que forma parte de ella entiendan que existen para dar gloria a Dios. Cuando conoces y glorificas a Dios, las necesidades de tu vida serán satisfechas: "El principio de la sabiduría es el temor del SEÑOR" (Prov. 9:10). Pero muchos creyentes no temen a Dios, sus propias acciones demuestran su irreverencia.

En lugar de temblar ante la Palabra de Dios, tuercen sus verdades o las suplantan con filosofías del mundo.
Los cristianos en realidad necesitan ser confrontados por su verdadera necesidad, un entendimiento de la santidad de Dios y de su propia pecaminosidad,  a fin de  que puedan ser útiles para su gloria. Cuando tenemos una relación correcta con Dios, cada aspecto de nuestra vida encajará en el lugar que se le ha ordenado divinamente. Esto no significa que debamos ignorar los problemas de la gente; debemos interesarnos por ellos así como lo hace Dios. Pero debe haber un equilibrio, y comienza con un alto concepto de Dios. Debemos tomar en serio a Dios y respetarlo completamente.

Teniendo en cuenta esto, es cuando puedes  entender por qué la oración es ante todo, un reconocimiento de la gloriosa majestad de Dios ante la que nos debemos someter.   Todas nuestras necesidades y todos nuestros problemas se sujetan a Él. Dios debe tener la prioridad en todo aspecto de nuestra vida.  La oración no debe ser una rutina casual que rinde un homenaje pasajero a Dios; debe ser una experiencia profunda que abra grandes dimensiones de reverencia, admiración, aprecio, honra y adoración.

​Extracto del libro: A solas con Dios, de John MacArthur