En BOLETÍN SEMANAL
​​El segundo grupo de tres peticiones que el Señor  ofrece en su oración modelo no nos debería sorprender. Después de enfocar nuestra atención en nuestro Padre celestial, Jesús ahora nos muestra cómo orar por nuestras propias necesidades especiales en este mundo: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal" (Mat. 6:11-13).

Aunque esta segunda sección de la oración se trata de la necesidad del hombre, no hace a Dios a un lado; él también es exaltado aquí.   El hecho de que Dios es el que nos da el pan nuestro de cada día, perdona nuestras deudas y nos protege de la tentación es una expresión de su poder y gracia. Por lo tanto, se glorifica a sí mismo al suplir esas necesidades en nuestra vida.  De esas tres peticiones, el Señor de manera un tanto sorprendente nos dice que oremos primero por nuestras necesidades físicas, no nuestras necesidades espirituales.

Martyn L1oyd-Iones capta la esencia de estas tres peticiones:
«Es evidente que lo primero que se necesita es que debamos ser capacitados para continuar nuestra existencia en este mundo. Estamos vivos y se nos debe mantener vivos. Involucra el propio hecho de mi ser y existencia, así que la primera petición trata con las necesidades de nuestra constitución física, y nuestro Señor comienza con eso. Luego prosigue a tratar con la necesidad de limpieza de la corrupción y culpa del pecado; y por último, con la necesidad de alejarse del pecado y su poder. Esa es la verdadera manera de ver la vida del hombre. Estoy vivo y se me debe mantener vivo. Pero entonces soy consciente de mi culpa y falta de mérito, y siento la necesidad de que se me limpie de ello. Luego pienso en el futuro y me doy cuenta de que necesito que se me libre de ciertas cosas que allí me esperan … La suma de todo ello es que en última instancia no hay nada en todas las Escrituras que nos muestra con tanta claridad nuestra dependencia total de Dios como lo hace esta oración, y en especial, estas tres peticiones. Lo único que realmente importa para nosotros es que conozcamos a Dios como nuestro Padre. Si tan sólo conociéramos a Dios así, nuestros problemas ya se habrían resuelto y nos daríamos cuenta de nuestra total dependencia de él, e iríamos a él diariamente como los hijos van a su Padre».

A medida que examinemos estas tres peticiones, espero que seas instruido y motivado para ir a Él diariamente y buscar que Él supla tus necesidades.

EL PAN Y NUESTRAS NECESIDADES FÍSICAS
Orar a Dios para que nos dé el pan diario puede al principio parecer intrascendente a muchos creyentes en una sociedad que no tienen que pensar de dónde vendrá su siguiente comida.  ¿Por qué deberían pedirle a Dios por aquello que ya tienen, y en abundancia? Lo que sería una petición completamente comprensible de cristianos en muchos países, parece carecer de importancia para otros bien alimentados. ¿Entonces, qué aplicación tiene esta petición para los creyentes que viven en medio de la abundancia?

Algunos elementos clave de la petición que nos darán la respuesta.

LA NECESIDAD DE VIDA

La palabra griega que se traduce por pan no sólo representa alimento sino que también simboliza todas nuestras necesidades físicas. El teólogo Iohn Stott observó que para Martín Lutero, «todo lo que es necesario para la conservación de esta vida es pan, incluyendo alimento, un cuerpo sano, buen clima, casa, hogar, esposa, hijos, buena administración y paz»‘. Por favor, fíjese, no obstante, que nuestro Señor se está refiriendo a las necesidades físicas, no a los lujos; si Dios elige bendecir a algunos de nosotros con lujos, es simplemente por su pura gracia.

Esta petición, sin embargo, es más que sólo una solicitud por las necesidades físicas. Por encima de todo, es un reconocimiento y afirmación de que toda buena dádiva que tenemos proviene de la gentil mano de Dios (Stg. 1:17). Esta es la razón por la cual es tan apropiado para aquellos que tienen abundancia como para aquellos que no tienen lo suficiente. Aunque no siempre estemos al borde de la hambruna, siempre podemos estar agradecidos por todo lo que provee Dios, y así evitar ser impertinentes.

LA FUENTE DE NUESTRA PROVISIÓN

Cuando se han suplido todas nuestras necesidades y todo marcha bien en nuestra vida, tendemos a buscar que se nos reconozca por lo que tenemos, para sentir que llevamos nuestra propia carga. Trabajamos duro para ganarnos el dinero que necesitamos para comprar comida y ropa, pagar nuestro alquiler o la hipoteca. Pero hasta el individuo más trabajador le debe todo lo que gana a la provisión de Dios. Moisés recordó a Israel que Dios «es el que te da poder para hacer riquezas» (Deut. 8:18).
Nuestra vida, aliento, salud, posesiones, talentos y oportunidades se originan en los recursos que Dios ha creado y puesto a la disposición del ser humano. Todo lo que tenemos es de Dios: Él es el que trae la lluvia para hacer crecer las cosas, hace que cambien las estaciones, produce los minerales que hacen que la tierra sea fértil, provee los recursos naturales que usamos para movilizarnos, y provee los animales y plantas de los cuales hacemos nuestra ropa y tomamos alimentos. Nuestro pan diario, las cosas indispensables de la vida fisica, son todas de Dios.

Él  proveyó para el hombre aun antes de haberlo creado. Después de que hiciese y bendijera a Adán y Eva, dijo: «He aquí que os he dado toda planta que da semilla que está sobre la superficie de toda la tierra, y todo árbol cuyo fruto lleva semilla;
ellos os servirán de alimento» (Gén. 1:29). Desde ese entonces Él continúa proveyendo abundancia de alimento para la humanidad, con una variedad casi ilimitada.

No obstante el apóstol Pablo nos dice que «el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe… mandarán abstenerse de los alimentos que Dios creó para que, con acción de gracias, participasen de ellos los que creen y han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios ha creado es bueno, y no hay que rechazar nada cuando es recibido con acción de gracias; pues es santificado por medio de la palabra de Dios y de la oración» (1 Tim. 4:1, 3-5). La Palabra de Dios santifica (separa para Dios) todo alimento, y lo santificamos cuando lo recibimos con oración de acción de gracias.

Thomas Watson, un gran puritano con un corazón hacia Dios, escribió: Si todo es un regalo, ¡observa la ingratitud odiosa de los hombres que pecan contra su dador! Dios los alimenta, y ellos pelean en contra de Él; Él les da pan, y ellos le dan afrentas. ¡Qué indigno es esto! ¿No deberíamos gritar para que se avergüence aquel que teniendo un amigo que siempre lo mantiene con dinero, y no obstante, lo traiciona y lastima? Así tratan ingratamente a Dios; no sólo se olvidan de sus misericordias, sino que abusan de ellas. «Yo los sacié, pero ellos cometieron adulterio y frecuentaron casas de prostitutas» (Jer. 5:7). Oh, ¡qué horrible es pecar en contra de un Dios lleno de bondad, golpear las manos que nos alivian!’.

Extracto del libro: A solas con Dios, de John MacArthur
 

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