Iglesia Bautista Reformada del Pacto de Gracia

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Conferencias de familia

​Durante los días 20 a 22 de Marzo, se celebró la VIII Conferencia Bautista Reformada, organizada por la Congregación Bautista de Málaga, y la Iglesia Bautista Reformada de Madrid.
 
El conferenciante invitado este año fue el Pastor Sugel Michelen, de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en Republica Dominicana (www.ibsj.org) para traernos unas enseñanzas sobre la armadura del cristiano, expuesta por el apóstol Pablo en Efesios 6:10-20.

Pudimos ver como este texto sirve de conclusión a todo lo que Pablo ha venido diciendo en los capítulos anteriores de esta epístola. El apóstol comienza explicando el propósito de Dios para con Su pueblo, propósito que fue concebido y decretado antes de la fundación del mundo. Dios se propuso redimir en Cristo a un grupo de hombres y mujeres de toda tribu, lengua, pueblo y nación, y hacer de todos ellos una nueva sociedad llamada la iglesia: una familia con un solo Padre, un solo Señor, una sola fe, y donde cada uno de sus miembros se encuentra en un proceso de renovación a la imagen de Jesucristo. Estos hombres y mujeres, aunque no son perfectos porque no han sido aún glorificados, han sido transformados por el poder de Dios, y ahora deben vivir a la altura de lo que son como cristianos.

A partir del capítulo 4, Pablo pasa a explicar lo que esto significa en la práctica respecto a: nuestra relación con los demás creyentes en la iglesia, nuestra conducta en el mundo, nuestra vida familiar.

Estuvimos viendo como en cada una de esas áreas debemos manifestar la obra transformadora de Cristo en nosotros, de qué manera ahora tenemos otros estándares, otras motivaciones, otras perspectivas y metas, completamente diferentes a las que teníamos antes de ser llamados por el evangelio.

Sin embargo, al llegar a esta última sección de la carta, Pablo nos hace ver que no es un asunto sencillo y fácil el vivir como es digno de nuestra vocación, porque tan pronto como hicimos la paz con Dios por medio de Cristo, nos pasamos a otro bando en medio de una guerra sin cuartel entre el bien y el mal. Cada centímetro de terreno que avancemos en el camino de la santidad será en medio de grandes conflictos, porque la vida cristiana no es un parque de atracciones, sino un campo de batalla.  Esta es la urgencia por la que tenemos que vestirnos con la armadura.

Un comentarista lo explica de este modo: "¿Es el plan de Dios crear una nueva sociedad? Entonces (nuestros enemigos espirituales) harán lo imposible por destruirla. ¿Ha derribado Dios a través de Jesucristo las paredes que dividían a los seres humanos de razas diferentes y culturas distintas? Entonces el diablo, por medio de sus emisarios, luchará por reconstruirlas. ¿Es la intención de Dios que su pueblo reconciliado y redimido viva junto en armonía y pureza? Entonces los poderes del infierno sembrarán entre ellos las semillas de la discordia y el pecado."

Estamos inmersos en una guerra espiritual, y hemos de ser conscientes de que esa es la realidad, una guerra continua y permanente, una guerra que utiliza todos los elementos imaginables a su alcance, pero Dios nos ha provisto los recursos necesarios para poder luchar y salir victoriosos. Si desconocemos cuáles son esos recursos y cómo podemos hacer uso de ellos, seremos presa fácil de las maquinaciones y seducciones del maligno, con las repercusiones para la iglesia, para el testimonio y para nuestras propias vidas que eso conlleva.

Tanto en doctrina como en sus aplicaciones prácticas para la vida cotidiana, el pastor Sugel Michelén nos estuvo exponiendo con detalle la guerra permanente en la que nos encontramos, los ataques del maligno sobre el pueblo de Dios, su sistema metódico para lanzar sus dardos de fuego, su perseverancia para doblegar nuestra voluntad, su astucia para engañarnos y su poder para derribar a los creyentes. La única manera con la que podemos repeler sus ataques es por medio de la armadura que Dios ha puesto a disposición del creyente para que salga victorioso en esta batalla, y que pueda hacer frente a tan colosal enemigo, y para que recurra a Dios en oración de forma continuada, para que esa armadura pueda ser eficaz en medio de la batalla tan cruel, y cuyas repercusiones son eternas.    

Asistieron hermanos de distintos lugares. Aparte de los hermanos de las iglesias organizadoras, Málaga y Madrid, también tuvimos representación de C. Real, Cuenca, Valdepeñas, Tenerife y R. Dominicana.

Damos muchas gracias a Dios por su fidelidad para con nosotros al hacernos llegar su Palabra con poder y llevarnos a pensar acerca de nuestra vocación y elección para alentar nuestro corazón y mover nuestra voluntad para obedecerle en las distintas facetas de nuestra vida.