1Ped. 3:3-4 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.
Los principios bíblicos
Elaborar una lista de ropa aprobada y una de ropa que no lo es, es un remedio que puede ser peor que la enfermedad. Déjame explicarte:
A veces, Dios da mandatos específicos en la Biblia que dicen claramente cómo aplicarlos. Pero, a veces, Dios da principios y espera que su pueblo haga sus propias aplicaciones piadosas, guiadas por el Espíritu Santo y de acuerdo con su Palabra. Con respecto a la manera de vestir, Dios no da reglamentos exactos para nuestro vestuario; en cambio, nos da principios. Además, hay un sentido en que los valores culturales juegan un papel en determinar la clase específica de indumentarias que son apropiadas, modestas y discretas. El pastor puritano Richard Baxter concluyó su argumento en defensa de la ropa modesta con una advertencia necesaria: “Las costumbres y la opinión común son importantes en lo que a las modas se refiere”. En otras palabras, las normas relacionadas con la modestia son muchas veces (pero no siempre) determinadas por contextos culturales. No creo que el apóstol Pedro haya estado vestido indecentemente cuando “se había despojado” de la ropa para trabajar como pescador (Jn. 21:7). Juan Calvino escribió que, estrictamente hablando, la ropa es un “tema indiferente” que “dificulta el establecer un límite fijo sobre el particular”.
Los principios bíblicos son eternamente ciertos; las aplicaciones culturales pueden cambiar. Basado totalmente en la autoridad de la Biblia, me atrevo a decir que Dios manda que nos vistamos correcta y decentemente, lo cual significa hacerlo de una manera consecuente con el mandato de Dios de ser santos como Dios mismo es santo (1 Ped. 1:16). Dios requiere que nos vistamos modestamente, lo cual significa que no debemos exceder los límites de aceptación moral cuando de nuestra manera de vestir se trata. Hemos de vestirnos discretamente, lo cual significa no tentar a otros a pecar por nuestra manera de vestir. En suma, tenemos que someter nuestro vestuario al señorío de Cristo. “Esto, por lo menos, es seguro y más allá de toda controversia”, dijo Calvino, inmediatamente después de su reconocimiento de que debemos tener cautela en cuanto a aplicaciones específicas de que “todo en el vestir que no coincide con lo modesto y decoroso debe ser rechazado”.
Como creyentes en quienes mora el Espíritu Santo y habiendo sido nuestra mente transformada por la Biblia, Dios nos llama a aplicar estos “principios de modestia” a nuestra vida cotidiana.
Algunos protestan que los principios sin aplicaciones son insuficientes. No obstante, debemos saber que existen varios problemas con tratar de crear códigos específicos y obligatorios para la ropa. Para empezar, sospecho que la mayoría de los lectores de este [artículo] creen (como yo) en la doctrina de la suficiencia de las Escrituras, a saber: Que la Biblia es suficiente para todas las cosas que atañen a la vida y a la santidad. No obstante, esa misma Biblia encara constantemente el tema de vestir modestamente como una cuestión de principios. La Biblia no nos provee un código específico de cómo vestir. Aparentemente, el Espíritu Santo consideró, no sólo adecuado, sino también más conveniente, que la Palabra de Dios hablara sobre el tema del vestuario como una cuestión de principios. No me atrevo a ir más allá de lo que lo ha hecho el Espíritu Santo; no me atrevo a decir que los principios de Dios referentes a la modestia son insuficientes. Por supuesto que los pastores deben sugerir posibles aplicaciones a estos principios. Los siervos de Dios tienen que ayudar a su pueblo a aplicar la Palabra de Dios a situaciones de la vida real. Comparto a continuación mis sugerencias sobre la aplicación de los principios.
Recalco que sólo los principios de Dios son perfectos y moralmente obligatorios, mientras que mis aplicaciones personales de esos principios pueden ser incorrectas. La Palabra de Dios es infalible, pero mis aplicaciones a su Palabra no lo son. La ropa indecorosa es un problema, pero también lo es si me paso de lo que la Palabra inspirada de Dios dice y exijo que la gente obedezca mis aplicaciones no inspiradas. Lo que va a continuación es un intento por ofrecer una guía práctica en esta área. Estas son sugerencias; no son mandatos al nivel de “así dice el Señor”. Que nadie las considere reglas no bíblicas, sino como posibles aplicaciones de principios bíblicos. Su autor es un hombre falible, un hombre que es también padre de familia, esposo y cristiano redimido, pero todavía pecador.
Demasiado
La manera inmodesta de vestir, por lo general cae bajo las categorías de “demasiado”, “demasiado poco” o “demasiado apretado”. “Demasiada” ropa se refiere a indumentaria extravagante, llamativa o exagerada. Es ropa que dice: “¡Mírame! ¡Quiero ser el centro de atención!”. Ésta no necesita ser reveladora, pero actúa como una sirena o un reflector; causa que el que la viste se destaque como promotor de sí mismo o de alguna causa. Es ropa que demanda atención o comentarios. Escribiendo hace casi 500 años, Juan Calvino diagnosticó la raíz de este problema: “El lujo y el gasto excesivo [en comprar prendas de vestir] surgen de un anhelo de ostentación y hacerse ver, ya sea por soberbia o por haberse apartado de la castidad”. Este anhelo por atraer espectadores, a veces, resulta en que la mujer parezca la mala mujer de Proverbios 7. Quizá los ejemplos más obvios de demasiado [exagerado] son las ropas que usan las celebridades del mundo de la farándula. Esa ropa es cara y visualmente seductora, y, por lo general, va acompañada de abundantes joyas ostentosas. Nada tiene de pecaminoso una joya, pero llega un punto cuando la apariencia general es demasiado llamativa y exagerada.
Lo que uno viste es ciertamente “demasiado” cuando presenta un mensaje que puede percibirse razonablemente como contrario al cristianismo. Consideremos la moda gótica, que se está popularizando tanto que su ropa está en venta en tiendas especializadas de los centros comerciales. Por fortuna, la ropa gótica es a menudo suelta y cubre adecuadamente el cuerpo, pero proclama un mensaje de que la subcultura gótica es oscura, rebelde, mórbida y está obsesionada con la depresión y la muerte. Es comprensible que muchos asocien lo gótico con lo oculto. En cuanto a las intenciones del que la viste, esta ropa envía un mensaje que no coincide con el cristianismo. Es “demasiado” o sea que sobrepasa los límites.
¿Qué es lo opuesto a “demasiado” o exagerado? Es ropa que es de buen gusto, pero no llama la atención. No es un medio para demostrar riqueza o status social. Tampoco es descuidada ni sucia; la ropa apropiada no hace que quien la usa llame la atención por estar vestido con demasiada elegancia cuando se encuentra en un grupo de personas vestidas con modestia. No proyecta mensajes que potencialmente dañen a la causa de Cristo o que mal interprete al cristianismo. “No le deis demasiada importancia a la ropa”, escribió Richard Baxter. “No os concentréis en eso porque es una señal peor que el exceso mismo”.
Demasiado poco
“Demasiada poca” ropa que no cubre el cuerpo. Dicho sencillamente, muestra demasiada piel. En el caso de las mujeres, esto incluye blusas desabrochadas o escotes atrevidos. También incluye ropa con los hombros descubiertos, como strapless (vestidos sin tirantes) o vestidos con tirillas y camisetas sin mangas. Muchas camisetas que dejan al descubierto el estómago y las caderas de la mujer, y que son usadas a veces con shorts muy cortos y faldas bikinis son “demasiado poco” cuando muestran los muslos de la mujer. Lo mismo sucede con blusas transparentes que dejan ver la ropa interior y destacan el contorno del cuerpo. En las palabras de un caballero (al considerar las tendencias actuales de la ropa): “Nunca en la historia de la moda tan poca tela ha sido cortada tanto para dejar al descubierto lo que tanto necesita estar cubierto”.
Algunas mujeres cristianas se sorprenden cuando se enteran de que sus hombros o muslos descubiertos, a menudo, desencadenan la lujuria en los varones. Tienen una opinión demasiado buena de los varones cristianos; creen que son inmunes a la lujuria que se provoca por ver lo que ellas muestran. No es así. Aun los varones buenos pueden tener pensamientos malos, y esto es pecado. Si la mujer cristiana pudiera leerles el pensamiento a los hombres cuando entra a la iglesia con sus hombros descubiertos o con el escote bajo, nunca volvería a hacerlo. La mayoría de los hombres cristianos tiene miedo de admitir en público que el hecho de ver, aunque sea un poco descubierto, el cuerpo de la mujer los tienta a pecar. Como no dicen nada, las mujeres cristianas no piensan que ellos son tentados.
También los varones pueden usar “demasiada poca” ropa. Cierta vez, varias mujeres me comentaron acerca de un grupo pequeño de estudio bíblico escandalizado por un hombre indiscreto que usaba shorts demasiado cortos. Los participantes se sentaban en un círculo, y este despistado hermano, muchas veces, aparecía con sus shorts demasiado cortos y sueltos. Sin saberlo, a menudo se le veían las partes íntimas. Las mujeres se resignaban a concentrarse, no en el estudio bíblico, sino en tratar de no mirar el espectáculo de este hombre cristiano que estaba usando demasiado poco.
¿Cuál es el ejemplo más obvio de demasiado poco? Los trajes de baño. Un hombre nunca caminaría por un centro comercial ni una mujer iría a un restaurante en ropa interior. No obstante, descubrimos así nuestro cuerpo con nuestros bikinis o tangas. No hay razón para creer que esa desnudez parcial es aceptable en la piscina o la playa… Además, en una cantidad sorprendente de bodas cristianas aparecen mujeres vestidas dejando demasiado al descubierto. En el nombre de la elegancia, las participantes usan vestidos con los hombros y la espalda al aire, y escotes demasiado bajos. Antes, veíamos en una boda solo a una “novia sonrojada”; en cambio ahora, vemos en las bodas que son otros los que se sonrojan al ver a las mujeres participando de la ceremonia vestidas atrevidamente.
Demasiado apretada
“Demasiado apretada” se refiere a ropa demasiado ceñida al cuerpo que destaca sus contornos. Sospecho que, en las iglesias conservadoras de hoy, ésta es la falta de pudor más común. En la actualidad, hasta la ropa que no es “demasiado poca” ni ostentosa es, a menudo, apretada, especialmente en el torso. La modestia no trata simplemente de cubrir la piel; es cubrir la forma. Algunas mujeres cristianas usan faldas para ser modestas, pero al mismo tiempo usan camisetas o suéteres tan apretados que revelan claramente el contorno de sus cuerpos. Son demasiado apretados. Estas prendas, a menudo, se pegan tanto al pecho y a las caderas de la mujer que prácticamente hacen las veces de lo que una generación anterior hubiera llamado “body” o leotardo. Las mujeres cristianas tienen que entender que cuando sus “tops” apretados revelan la forma de su cintura, caderas o busto, tientan mucho a los hombres. Un caballero lo dijo así: “A veces, la ropa de una mujer es tan apretada que yo apenas puedo respirar”.
Los vestidos también pueden ser demasiado apretados. No es cierto que los vestidos y faldas nunca tientan a los hombres a pecar: Pregúnteles a ellos. Los vestidos apretados pueden ser tan escandalosos como otros tipos de ropa… ¿Puede alguien mirarla y —gracias a su ropa apretada— notar claramente el contorno de su cuerpo? ¿Es evidente el contorno de sus glúteos? ¿Se nota claramente el diámetro de sus muslos? Sin necesitar mucha imaginación, ¿le pueden decir cómo es su cuerpo sin ropa? Si su respuesta es afirmativa, entonces su ropa es demasiado apretada. Este tipo de ropa es más que meramente atractiva; es una piedra de tropiezo.
¿No estás segura de si tu ropa está en la categoría de “demasiado”, “demasiado poca” o “demasiado apretada”? Pídele a alguien fiel a Dios que te evalúe. Puedes sorprenderte de cómo los demás ven tu manera de vestir.
Un error
Cuidado con el error de “muéstrame exactamente los límites”. Algunos creyentes hacen de la ropa modesta un tema más difícil de lo que necesita ser. Creen que tienen que contar con un criterio preciso por el cual determinar si una prenda de vestir es modesta o inmodesta. “Tengo que saber exactamente dónde están los límites”, piensan. “Si no sé exactamente la diferencia entre una manera de vestir modesta y una inmodesta, no puedo tomar ninguna determinación sobre el asunto”.
Pensar así es usar una lógica equivocada. No es cierto que tengamos que saber exactamente dónde están los límites, a fin de saber que algo los ha sobrepasado. No sé exactamente dónde está la frontera entre los Estados Unidos y Canadá, pero sé, sin lugar a dudas, que estoy en el lado estadounidense. No sé exactamente dónde está el límite entre una canción que se canta bien y otra que se canta mal, pero sí sé que mi hija está dentro del límite del que canta bien y que yo, por el contrario, estoy fuera de él. En muchos aspectos de la vida, no sabemos exactamente dónde están los límites, pero comprendemos aproximadamente dónde están… No puedo ofrecer una definición precisa de ropa inmodesta que nos indique exactamente dónde están los límites entre modestia e inmodestia, pero reconozco la inmodestia cuando la veo. En otras palabras, no necesitamos saber exactamente qué criterios diferencian la manera correcta y la incorrecta de vestir. “Ropa modesta” y “ropa inmodesta” no son dos categorías claramente definidas, y, a veces, no queda claro si una prenda de vestir específica cae en una categoría o en la otra. Existe una tercera categoría: Ropa que no es incuestionablemente modesta ni obviamente inmodesta, pero el hecho de que haya esta tercera categoría no nos impide reconocer que alguna ropa es indiscutiblemente inmodesta, mientras que otra es decididamente consecuente con nuestro testimonio cristiano. En cuanto a la ropa cuestionable que no es claramente inmodesta ni modesta, recordemos que la palabra [pudor] en 1 Timoteo 2:9 significa una renuencia humilde a pasar los límites de lo que es moralmente apropiado, una que hace que el creyente no sea atrevido cuando se trata de “tantear los límites” de una conducta correcta.
Tomado de Dressed to Kill (Vestido para matar), publicado por Tulip Books, www.tulipbooks.org.
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Robert G. Spinney: Pastor bautista y profesor asociado de Historia en Patrick Henry College, Purcellville, Virginia, Estados Unidos.