¿Qué significa este apresto?
Comprenderemos mejor lo que es el apresto considerando la parte del cuerpo para el que está pensado: “los pies”, única parte que lleva calzado. Tratándose del calzado del soldado, esta pieza de la armadura fue diseñada más para defensa que para adorno. Es una pieza tan necesaria que un soldado se ve incapaz de servir sin su protección para las largas marchas sobre las piedras del camino. ¿Cuánto tiempo podrá andar por esos senderos sin lesionarse? Aunque el camino sea llano, sus pies descalzos resultarán vulnerables al tiempo frío y húmedo, con posible enfermedad de todo el cuerpo. Como resultado, su falta de apresto le hará guardar cama cuando debería estar en el campo de batalla. Actualmente, casi tantos soldados mueren por la fiebre como por el fuego enemigo.
Lo que el pie es para el cuerpo, es la voluntad para el alma. El pie carga con todo el cuerpo, y la voluntad soporta a toda la persona: alma y cuerpo. Iremos allí donde nos lleve la voluntad. Lo que el zapato es para el pie, así es este “apresto” o disposición espiritual del cristiano para la voluntad. El que va bien calzado no teme pasar por un camino bueno o malo, limpio o embarrado, de piedra o de paja; todo le es igual. Pero el que va descalzo, o mal calzado, se encoge ante el barro, y grita al tropezar con una piedra. Entonces, cuando la voluntad y el corazón de alguien están dispuestos para la obra, la persona se halla calzada y armada para cualquier contratiempo.
Se dice que hay personas que andan con tanta agilidad que pueden pasar sobre las arenas movedizas que tragan a los demás. Los corazones dispuestos pueden hacer lo mismo; otros no son capaces ni siquiera de andar por donde corren estos cristianos. No se hunden, sino que cantan en la aflicción. David nunca estuvo más satisfecho que cuando se escondió en la cueva: “Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto; cantaré, y trovaré salmos” (Sal. 57:7). Si el corazón de David no hubiera estado preparado para la crisis, se hubiese visto atrapado por el temor en lugar de sentirse movido a cantar mientras sus enemigos buscaban su vida.
¿Por qué se llama “el apresto del evangelio de la paz”?
Se llama así porque el evangelio es el gran instrumento divino por el cual Dios apresta o prepara la voluntad del hombre para el sufrimiento. Es nuestra tarea, si predicamos el evangelio, “preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lc. 1:17). Como un capitán hace sonar el tambor en la plaza para llamar a una compañía de voluntarios a armarse y salir al campo de batalla en una hora, siguiendo a su príncipe, así el evangelio llama a los hombres a prepararse para el servicio de Dios, cueste lo que cueste.
Entonces, este “evangelio de la paz” trae las buenas noticias de la paz entre Dios y el hombre, sellada con la sangre de Cristo. Es un valioso regalo para los pecadores arrepentidos que han pasado sus días en “una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego” (He. 10:27) que había de devorarlos. En cuanto oyen la paz en la predicación del evangelio, y esta se confirma en sus conciencias por el Espíritu, aparece en ellos nueva vida. Los que antes temblaban ante cualquier amenaza menor, ahora están “calzados con el apresto del evangelio de la paz”, y dicen sonrientes, como dijo Jesús a los que llegaron con espadas y lanzas: “¿A quién buscáis?” (Jn. 18:4). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5:1).
Esta paz del evangelio obra con tal fuerza que hace a los creyentes “[gloriarse] en las tribulaciones” (v. 3). Vemos que estas palabras de la Escritura descubren por lo menos dos puntos de doctrina: primero, que es deber del cristiano prepararse para afrontar cualquier prueba; segundo, que la paz del evangelio prepara al creyente para enfrentarse a cualquier aflicción.
La preparación para las pruebas:
Es nuestro deber como creyentes prepararnos para hacer frente a cualquier prueba o privación que Dios disponga en nuestro camino. Los cristianos nunca carecerán de estas pruebas. Como Cristo dijo acerca de los pobres, ellas siempre estarán con nosotros. Agustín afirmó que el sudor de sangre que Jesús derramó representaba los sufrimientos de su cuerpo místico. Igual que todo el cuerpo de Cristo fue levantado en la cruz, ninguno de sus miembros puede esperar evitar la cruz ahora.
Cuando nos llegue a cada uno, no glorificaremos al Salvador si nos rendimos pasivamente a la voluntad de Dios; tenemos que estar preparados para obedecer con paciencia santa y activa, para bajar a las mismas cámaras de la muerte, si es la voluntad de Dios.
Me hablaron de un epitafio que nunca debe figurar en la lápida del cristiano: “Aquí yace uno contra su voluntad”. Pablo tenía la mente santa de Cristo cuando confesó: “Yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hch. 21:13). Los escépticos pueden pensar que el valor del apóstol florecía solo cuando estaba lejos del enemigo, pero que sentiría miedo al tener que enfrentarse a la muerte. No; Pablo mantuvo su anterior profesión: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (2 Tim. 4:6).
Si escuchas con atención, oirás a Pablo hablar como si ya hubiera muerto. Estuvo muerto antes de recibir el golpe, no por temor, sino por completa sumisión. Un criminal está “muerto” en sentido judicial en cuanto el juez pronuncia su sentencia, aunque el condenado puede sobrevivir durante semanas. En sentido evangélico, entonces, llamamos “muertos” aquellos que voluntariamente se someten a la autoridad del Padre, y están preparados para la muerte.
La serenidad de espíritu de Pablo era aún más notable si consideramos lo cerca que estaba la muerte. Tal vez sabía que lo decapitarían, ya que hizo alusión al derramamiento de sangre o vino como sacrificio. El sacrificio que ofreció voluntariamente en servicio de Cristo y su iglesia era como la libación derramada ante Dios. Pero ahora daré algunas razones por las que todos debemos estar preparados para esta obra de sufrimiento.
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Extracto del libro: “El cristiano con toda la armadura de Dios” de William Gurnall