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Mat_16:24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame

¿Porqué los cristianos han de estar preparados para las pruebas?

1.- Cristo exige este espíritu

La actitud sumisa va implícita en todo lo que Dios pide a los cristianos. Como el sello en la moneda, los convalida en la cuenta divina: “Dispuestos a toda buena obra” (Tit. 3:1). La palabra empleada en este pasaje implica una vasija formada para el uso de su dueño. Nadie quiere lavar un vaso para encontrarlo sucio otra vez cuando lo va a usar; sino que busca un vaso limpio, listo para ser usado. Así Dios espera que mantengamos el corazón puro de la contaminación del pecado, pero con nuestro afecto elevándose hacia Él: “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Tim. 2:21).

Dios llama a sus redimidos a prepararse, no solamente para el servicio, sino para el sufrimiento: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9:23). Estas palabras se pueden considerar el contrato del cristiano, sellado por el Espíritu de Dios; porque todo aquel que quiera ser siervo de Cristo deberá aceptar esta relación antes de llamarlo Señor. La estipulación principal del Señor para sus siervos es que sufran en paz.

Cristo se ha esmerado en alcanzar los corazones de aquellos que le sirven, porque si le aman profundamente, no solamente soportarán privaciones en su servicio, sino que demostrarán su disposición de hacerlo. Por tanto, Dios ha incluido cuatro pasajes en las Escrituras con este mismo fin.

a.- El cristiano debe “negarse a sí mismo ”

Cristo le pide al creyentes que deje de controlar su propia voluntad y se la entregue a Él. A partir del día que entra en el servicio de Cristo, debe responder a la llamada del Salvador con un: “Lo haré”.

b.- Cristo da al creyente una cruz para que la “tome” antes de darle una corona

No solamente quiere que el cristiano la “soporte” —ya que los impíos logran hacer esto contra su propia voluntad—, sino que la “tome” voluntariamente. Por supuesto que no nos pide que fabriquemos nuestra propia cruz y corramos locamente hacia el peligro, pero sí quiere que aceptemos la cruz que Él ha hecho para nosotros. No debemos esquivarla mediante ningún movimiento engañoso para evitar los problemas, sino aceptar la carga que Dios ha escogido para nosotros como un favor que nos hace al permitir que suframos por Él. Nadie se agacha para recoger algo sin valor; pero Cristo pide a su pueblo que tomemos la cruz como quienes recogen una perla que encuentran en el suelo.

c.- Cristo quiere que el creyente tome su cruz “cada día ” Aunque el cristiano no lleve una carga a sus espaldas, deberá llevarla en el corazón, preparándose continuamente para responder a la primera llamada. Cuando Pablo dijo: “Cada día muero”, quiso decir que estaba dispuesto a morir; no dejaba que la preocupación por los servicios o placeres del momento le hicieran temer las pruebas por venir.

Dios mandó a los judíos que comieran la Pascua con los lomos ceñidos, los pies calzados y el bordón en la mano (cf. Éx. 12:11). Mientras el Padre agasaja al cristiano con consuelos, este debe llevar puesto el calzado del evangelio y recordar que no cena en casa, sino que come en una posada, listo para seguir el viaje en cuanto descanse un poco.

d.- El cristiano debe “seguir” a Cristo mientras lleva la cruz Dios no quiere que el creyente se quede quieto murmurando, ni que Él tenga que instigarlo para que se mueva, sino que siga voluntariamente a Cristo, como un soldado a su capitán. Cristo no es como aquel general que obliga a sus soldados a luchar, quieran o no. En lugar de exigir, Él invita: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón” (Os. 2:14).Un corazón lleno de gracia seguirá a Cristo al desierto de la aflicción de tan buen grado como la amante que sigue a su amado a un jardín tranquilo para disfrutar de su presencia. Con su Palabra y su Espíritu Cristo satisface al cristiano, haciendo que desee estar con él donde sea.

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Extracto del libro:  “El cristiano con toda la armadura de Dios” de William Gurnall

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