En BOLETÍN SEMANAL

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. —Isaías 9:6

Un niño es nacido

1.- Nuestro Señor Jesucristo. El mundo esperó durante mucho tiempo la venida de Cristo y aquí el profeta da la noticia: Aquel largamente esperado, al fin ha venido. El “niño…es nacido”. La palabra que aquí aparece como niño es un nombre que indica género —“un niño varón”— y es sólo un muchacho, un muchacho-niño. Tal fue nuestro Señor Jesucristo. Es un nombre dado comúnmente a los infantes del género masculino, desde que nacen y lo siguen teniendo durante sus primeros años hasta llegar a ser hombres adultos. La palabra que aparece como nacido significa algo más, indica mostrado o presentado nacido. Es una costumbre tan natural que siempre ha existido en el mundo: cuando un niño nace, es vestido y presentado o mostrado a los de su familia para su tranquilidad. Los hijos de Maquir fueron presentados a José, su bisabuelo, y sobre sus rodillas fueron criados (Gn. 50:23) y el hijo de Rut a Noemí (Rut 4:17).

Entonces lo que dice el profeta es: “Este niño maravilloso es presentado”, es decir, a los de su familia. ¿Y quiénes son estos? Tiene familia en el cielo: El Padre es su Padre, el Espíritu Santo es su Espíritu, los ángeles son sus siervos, pero no se refiere a estos. ¡Se refiere a nosotros, los hijos e hijas de Adán! Somos sus parientes pobres y a nosotros como sus parientes pobres sobre la tierra, hijos de la familia de Adán, de la cual es Él la rama más alta, este Niño nacido nos es presentado para nuestro consuelo en nuestra condición inferior.

El nacimiento de Cristo tuvo que esperar.La Iglesia, su madre, (Cnt. 3:11) tuvo una temprana promesa de que vendría (Gn. 3:15). Fue en virtud de esa promesa que fue concebido y que nació. Toda la humanidad aparte de Él, lo fue por otra palabra, a saber: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Gn. 1:28).

Aunque María, su madre en la carne [estuvo embarazada con él por nueve meses], la Iglesia, su madre figuradamente [estuvo “embarazada” con Él] desde aquel momento (Gn. 3:15) durante unos cuatro mil años. Muchas veces, ésta esperaba que ya naciera y corría el peligro de pensar que era un falso embarazo [porque] tardaba tanto. Los reyes y profetas esperaban y ansiaban que llegara el día: “Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Lc. 10:24). Toda la Iglesia del Antiguo Testamento ansiaba que llegara el día de Cristo “Apresúrate, amado mío, y sé semejante al corzo, o al cervatillo, sobre las montañas de los aromas” (Cnt. 8:14).

2.- Ha nacido un Salvador. La hora feliz del nacimiento largamente esperado ha llegado y el Niño ha venido al mundo. Los ángeles lo proclaman: “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc. 2:10-11). Los antepasados, reyes y profetas ya estaban en la tumba, murieron teniendo fe de que nacería y ¡ahora era una realidad! Realmente había nacido: Un Niñito pequeño, pero un Dios todopoderoso, un Infante, de menos de un día de vida, pero ¡el Padre eterno! ¡Nacimiento maravilloso como el mundo nunca había visto antes, ni volverá a ver nunca!

3.-  Algunos han sido asignados a presentar a este Niño a amigos y familiares y todavía siguen haciéndolo.¡Qué  encargo tan honroso! Más honroso que la de presentar un príncipe de este mundo recién nacido al rey, su padre. José y María tuvieron el encargo de presentarlo al Señor (Lc. 2:22). Pero, ¿quién tiene el honor de presentárnoslo a nosotros?

a.- El Espíritu Santo tiene el ministerio de presentárnoslo internamente.“Pues me propuse”, dice Pablo, “no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado… y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Cor. 2:2, 4). Y por [el Espíritu] su Padre nos lo presenta a nosotros: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16:16-17). De esta manera, es presentado a los pecadores en toda su gloria celestial, para que tengan una vista amplia de Él, que es la que debe tenerse en la tierra por fe: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14).

b.- Los ministros del evangelio tienen el cargo de presentárnoslo externamente, en los pañales de la Palabra y las [ordenanzas]. Han sido llamados a presentarlo a los pecadores creyentes: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Cor. 11:2) y de presentar a Cristo a los pecadores para que crean en Él. Vienen con el anciano Simeón, con Jesús, el niño santo en sus brazos por medio de las palabras del evangelio (Rom. 10:6-8) y dicen, con Juan el Bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Los ministros de Dios dicen como Pablo: “…Esta es la palabra de fe que predicamos” (Rom. 10:8).

¿A quién es presentado Cristo?

1.- Negativamente, no es presentado a los ángeles caídos. No nació para ellos, ninguno es familiar suyo, “porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham” (Heb. 2:16). Su casa fue originalmente más honrosa que la casa de Adán, pero Cristo le dio un honor más elevado a la casa de Adán que a la de los ángeles. Los ángeles son sus siervos; los ángeles impíos sus verdugos, en cambio, los hombres santos son sus hermanos.

2.- Positivamente, es presentado a los humanos pecadores, a cada uno y a todos ellos. A ellos va dirigido el anuncio: “He aquí el Cordero de Dios” (Jn. 1:29), etc. “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador” (Lc. 2:10-11). Primero fue presentado a los judíos [y mostrado] a Israel (Jn. 1:31); pero después a todo el mundo, a todas las naciones por igual (Mr. 16:15). De allí que desde los rincones más lejanos de la tierra, se oyen cánticos cuando se les muestra a los hombres el Cristo que nació para ellos; su gloria se manifiesta sin paralelo. En lo particular,

3.- Es presentado a la Iglesia visible: A todas y cada una de ellas. Es cierto que hay muchas en el mundo a las cuales no es presentado. No cuentan con su voz ni su gloria, ni lo han visto representado en su Palabra. Pero dondequiera que llega el evangelio, Cristo es presentado a cada persona como el que vino a nacer para ellos… Es cierto que corporalmente está ahora en el cielo, pero espiritualmente hablando, está en su Palabra y en las ordenanzas, presentadas a pecadores, y vistas por fe, aunque la mayoría no lo verá.

4.- Es presentado eficazmente a todos los escogidos. Cristo es revelado en ellos (Gál. 1:15-16). Entonces, creen en él, y lo mismo se aplica a todos, sea como fuere que otros lo juzguen. “Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hch. 13:48). Todos son como fue Pablo en un sentido: Escogidos para ver al Justo y verlo con ojos espirituales los impulsa a desprenderse de todo para comprar el campo, el tesoro y la perla…

¿Cómo es presentado Cristo?

Es presentado,

1.- En la predicación del evangelio. “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?” (Gál. 3:1). A quien quiera que le llegue el evangelio, Cristo le es presentado como se expresa en las palabras del evangelio, para ser discernidas por fe. “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos” (Rom. 10:8).

2.- En la administración de las [ordenanzas]. Así como en la Palabra, Cristo es presentado a los oídos, en las [ordenanzas] es presentado a los ojos. En las ordenanzas, hay una representación viva de Cristo, sangrando y muriendo en la cruz por los pecadores. “Esto es mi cuerpo” (Mt. 26:26). Aunque no está corporalmente presente en las [ordenanzas], lo está de hecho y espiritualmente en la fe de los creyentes, que obra cosas invisibles: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He. 11:1)…

3.- En la obra interior de iluminación salvadora. El Espíritu del Señor no sólo da luz, sino vista, a los escogidos. No sólo les abre las Escrituras, sino que les abre los ojos y revela a Cristo en ellas. (Gál. 1:15-16). Ésta es aquella demostración del Espíritu de la cual habla Pablo, la cual es el antecedente inmediato de la fe, sin la cual nadie cree.

¿Por qué nos es presentado Cristo desde su nacimiento?

1.- Para que veamos la fidelidad de Dios en cumplir su promesa.La promesa de Cristo era antigua, cuyo cumplimiento había sido largamente demorado, pero ahora la vemos cumplida en el tiempo que Dios le tenía asignado, por lo que podemos estar seguros de que cumplirá a su tiempo el resto de sus promesas.

2.- Para que podamos regocijarnos en Él. El nacimiento de su precursor fue un gozo para muchos (Lc. 1:14 entonces ¿cuánto más el de Él? Los ángeles cantaron de gozo por el nacimiento de Cristo (Lc. 2:13-14). Y nos es presentado para que podamos cantar con ellos, pues es motivo de gran gozo (Lc. 2:10-11). Y todo el que conoce el peligro de su pecado se regocijará cuando Cristo le sea presentado, tal como el hombre inculpado se goza cuando ve al Príncipe quien puede indultarlo.

3.- Para que pongamos nuestros ojos en Él, veamos su gloria y seamos llevados con Él. Por esta razón, se invita a menudo a los pecadores a fijar sus ojos en él: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más” (Is. 45:22). “Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón” (Cnt. 3:11). Mirar la fruta prohibida ha corrompido tanto a los ojos de la humanidad que las cosas del mundo se ven como a través de una lente de aumento y es imposible verlas como realmente son, hasta contemplar a Jesús en toda su gloria.

4.- En último lugar, para que podamos reconocerlo en el carácter en el que se manifiesta como Salvador del mundo y nuestro Salvador. Porque es presentado como un joven príncipe al ser reconocido como heredero de la corona. El Padre lo escogió a él para ser el Salvador del mundo, nos lo ha dado como nuestro Salvador y así lo presenta para que lo reconozcamos.

Aplicación

Te exhorto, por tanto, a creer que Cristo te es presentado en su nacimiento como uno de tu familia. Si preguntas qué debes hacer cuando crees, te respondo:

1.- Abrázalo con alegría. “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria” (Sal. 24:7). Cuando [Jesús] fue presentado en el templo, el anciano Simeón lo tomó en sus brazos sintiendo en su alma total satisfacción (Lc. 2:28-29). En cuanto a su presencia corporal, está ahora en el cielo, pero te es presentado en el evangelio, abrázalo por fe de todo corazón, creyendo en Él para salvación, renunciando por Él a todos los demás salvadores, ¡entregándose a Él para tranquilidad de su conciencia y su corazón!

2.- Bésalo—con un beso de amor (Sal. 2:12), entregándole tu corazón: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Pr. 23:26), con un beso de honra, honrándole en tu corazón, con tus labios y tu vida, y con un beso de sometimiento, recibiéndole como tu Señor, Rey, Cabeza y Esposo.

3.- Bendícelo—“Cantad a Jehová, bendecid su nombre; anunciad de día en día su salvación” (Sal. 96:2). ¡Es Dios bendito para siempre! Pero hemos de bendecirle, como bendecimos a Dios: abiertamente, proclamándolo bendito (Sal. 72:17), orando de corazón que venga su reino (Sal. 72:15).

4.- Adóralo. Es lo que hicieron los sabios de oriente (Mt. 2:11). Es el Dios eterno y, por lo tanto, debe ser adorado: “Inclínate a Él, porque Él es tu señor” (Sal. 45:11): Tu Esposo, tu Rey, tu Dios. Adóralo con una adoración interior, consagrándole toda tu alma; y adóralo con una adoración exterior.

5.- En último lugar, preséntale obsequios. Eso hicieron los magos (Mt. 2:11). Obséquiale tu corazón a Él (Pr. 23:26). [Entrégale] todo su ser (2 Cor. 8:5) para glorificarlo en tu alma y cuerpo.

Tomado de “Christ Presented to Mankind-Sinners” (Cristo presentado a una humanidad de pecadores) en The Works of Thomas Boston (Las obras de Thomas Boston) Tomo 10, Tentmaker Publications, www.tentmakerpublications.com.

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Thomas Boston (1676-1732): Pastor y teólogo presbiteriano escocés; nacido en Duns, Bersichshire, Escocia.

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