“Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. —1 Corintios 6:20
¿Por qué vestimos cómo lo hacemos?
Vincent Alsop señalaba: “No se puede negar, ni ocultar, ni justificar, ni tampoco corregir la lamentable intoxicación de la generación actual con cosas que son novedades, ni su triste degeneración respecto a la templanza de épocas anteriores… Hasta ‘las hijas de Sion’ se han infectado con esta epidemia”. Del mismo modo, hay una epidemia de inmodestia que infecta nuestras iglesias hoy.
Los principios por los cuales la mayor parte de la moda del traje de baño no pasa el examen de la modestia deben aplicarse a toda la ropa que usamos. Necesitamos tomar conciencia de que algunas prendas de vestir, cuya función debería ser “cubrir” el cuerpo, en realidad no cubren mucho; la ropa ajustada realza las formas del cuerpo del mismo modo que los trajes de baño. Aunque no debemos avergonzarnos del cuerpo como si fuera malo en sí, debemos cubrirlo correctamente para conservar la castidad de la mente y el espíritu, especialmente en las reuniones de adoración a nuestro santo Dios. Por encima de todo, los hombres debemos aprender a gobernar nuestro corazón y nuestros ojos, así como enseñar a nuestras esposas y a nuestros hijos los principios correctos de la modestia. Aunque las mujeres son vulnerables frente a la tentación de vestirse con ropa lujosa o sensual, sus padres y sus esposos son, en última instancia, los responsables de lo que visten las mujeres en su hogar. Es preciso que los hombres y las mujeres cristianos estudien y oren con fervor sobre este tema, porque realmente necesitamos volver a la modestia que enseña la Biblia.
¿Por qué vestimos cómo lo hacemos? John Bunyan formula la pregunta de esta manera: “¿Por qué son partidarias de andar… con los hombros desnudos y con los pechos colgando como las ubres de una vaca? ¿Por qué son partidarios de pintarse el rostro, estirarse el cuello y someterse a todas las acciones a que les obliga su orgullo? ¿Es porque quieren honrar a Dios? ¿Porque quieren que el evangelio dé una buena impresión? ¿Porque quieren embellecer la religión para que los pecadores se enamoren de su propia salvación? No, más bien es para complacer sus concupiscencias… También creo que Satanás ha atraído más gente hacia el pecado de impureza con el deslumbrante espectáculo de la moda de la que hubiera atraído sin él. Me pregunto qué era lo que antaño se consideraba atuendo de una ramera; ciertamente no podría haber sido más cautivador ni más tentador que la indumentaria de muchas creyentes de nuestra época”. Lo mismo podría decirse hoy. Examina tu corazón. ¿Por qué se visten los cristianos como lo hacen?
El alegato del satanista es: “Haz lo que quieras y eso será la totalidad de la ley”. El alegato de los años 60 era: “¡Haz lo que se te dé la gana!”. El de las feministas declara: “Es mi cuerpo y haré con él lo que quiera”. El argumento de los evangélicos de hoy declara: “Tengo libertad, así que voy a hacer lo que me parezca”. Sin embargo, las Escrituras afirman: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Cor. 6:19-20). Si eres cristiano, no eres tu propio dueño. Todo tu ser —alma, espíritu, cuerpo— es propiedad adquirida por Jesucristo y el precio que pagó por su cuerpo fue que el de Él fuera partido: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido” (1 Cor. 11:24; cf. Mt. 26:26). ¡Nuestro cuerpo le pertenece!
Él lo redimió con su sangre preciosa en la cruz del Calvario. Debemos tener cuidado cómo adornamos esa propiedad comprada con la sangre de Cristo.
Sin duda, al leer esto, algunos exclamarán: “¡Aaah, pero eso es legalismo!”. No puede llamarse legalismo a la acción de instar a los hijos de Dios a cubrirse porque la modestia es el mandato de las Escrituras. El deseo del corazón regenerado es honrar al Señor Jesús y hacer todo aquello que le dé gloria, cumpliendo sus mandamientos. “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama… El que no me ama, no guarda mis palabras” (Jn. 14:21, 24). La gloria de Dios y el amor a Cristo deben ser los motivos principales de todo lo que decimos, hacemos y pensamos, y eso incluye la ropa que usamos.
Ora
Te he mostrado lo que dicen las Escrituras y…confío en que estos [artículos] te hayan hecho reflexionar y también estimulado al amor y a las buenas obras. Sin embargo, como dije anteriormente, si te parece que la definición de modestia no es muy precisa o que las conclusiones de [estos artículos] no son bíblicas, entonces lucha y ora hasta que el Señor te muestre algo mejor. ¡Pero no dejes de orar! Por el amor de Cristo, ¡ora! ¡Nunca es legalismo llamar a los hijos de Dios a obedecerle conforme a su Palabra!
Ora y medita acerca del propósito eterno del Dios todopoderoso: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Ro. 8:29). Este planeta y todo el universo existen por una sola razón: El Dios de gracia tenía la intención de salvar a su pueblo de sus pecados y hacerlos como su santo Hijo Jesucristo. Él derramó su sangre sobre la cruz del Calvario para pagar la deuda por los pecados de su pueblo. Sólo por la fe en Él, tus pecados son perdonados por toda la eternidad. Cristo te salva, limpia y te hace como Él. ¿Y cómo es Él? “Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores” (He. 7:26).
Los principios
Así pues, ¿cómo hemos de conducirnos respecto a este complicado asunto? Tengamos en cuenta estos principios:
1) Dar gloria a Dios debe ser nuestro primer objetivo: “Glorificad… a Dios en vuestro cuerpo” (1 Co. 6:20); “Hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús” (Col. 3:17).
2) El amor a Cristo debe ser el motivo de nuestros actos: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19).
3) El recordar que somos templo del Espíritu Santo y que no somos nuestros, debe impulsarnos a corregirnos: “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros… y… no sois vuestros” (1 Cor. 6:19). 4) Como resultado, nuestro objetivo debe ser amar a los demás, querer mantener la pureza en ellos y en nosotros, y no despertar sus pasiones lujuriosas. “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor” (Ro. 13:10).
Quiera el Dios de misericordia concedernos que nos arrepintamos si hemos pecado en este sentido. Seamos sinceros con nosotros mismos y con nuestro Dios, queridos lectores. ¿Realmente le has dado a este tema toda la importancia que merece? ¿Alguno ha preguntado al Señor cómo debe vestirse un hijo santo de Dios? Si tu respuesta es negativa, te animo con todo mi corazón a que lo hagas. Arrepiéntete de cualquier mundanalidad que encuentres en tu corazón. Arrepiéntete si te vistes para atraer la mirada de los hombres y no para la gloria de Dios.
Hoy muchos vuelven a predicar con valentía el evangelio de la gracia soberana de Dios; en muchos lugares se declara con sencillez la verdad gloriosa de la salvación solo por fe, solo por medio de Cristo. Estas maravillosas verdades que transforman vidas deben producir personas santas, humildes y modestas, que se distingan de este mundo perdido y moribundo. De ahí que mi oración más ferviente es que amemos con ardor a Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros, que luchemos juntos por la unidad de la fe y que vivamos vidas que magnifiquen la gracia salvadora de nuestro bendito Redentor. “Vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:11-14) y que jamás neguemos estas preciosas verdades que amamos por seguir las costumbres y las modas de este mundo presente, lleno de maldad y de desnudez pecaminosa. Glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu, que de Dios son (1 Cor. 6:20). Y para gloria de Dios y por amor al Señor Jesucristo, volvamos a la modestia cristiana.
Adaptado de Modestia cristiana de Jeff Pollard, publicado y a su disposición en Chapel Library.
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Jeff Pollard: Anciano de Mount Zion Bible Church, Pensacola, Florida, Estados Unidos.