“Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes”. —Tito 2:6
La prudencia, el gran deber
Doctrina: El ser prudente es el gran deber de todas las personas jóvenes. Me esforzaré por demostrarte… aquello a lo que te instamos cuando te exhortamos a ser prudente. Me enfocaré en la palabra original que se usa en el texto y en sus diversos significados. Es la misma palabra que se emplea para describir la tercera parte de nuestro deber cristiano y es la primera de las tres lecciones que la gracia de Dios nos enseña: Que vivamos sobriamente (Tit. 2:12). En otro lugar, se nombra por último en una lista de tres gracias cristianas excelentes: Dios nos ha dado un espíritu “de poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7). Considera esta exhortación en toda su amplitud y te demostrará a ti, que eres joven, lo siguiente:
Considerado y reflexivo
Debes ser considerado y reflexivo, no precipitado y descuidado. El ser prudente significa usar la inteligencia para razonar con nosotros mismos y para tener comunión con nuestros propios corazones. [Significa] el emplear aquellos poderes y capacidades nobles que nos distinguen de las bestias y que nos hacen más dignos que estas para aquellos grandes fines para los cuales nos fueron otorgadas. [Esto es para] que no recibamos en vano la gracia de Dios en estas capacidades (2 Co. 6:1), sino que como criaturas racionales nos comportemos de forma racional… como nos corresponde. Aprendiste a hablar cuando eras un niño: ¿Cuándo aprenderás a pensar, a reflexionar seriamente? …Una vez que percibas la grandeza del Dios a quien tenemos que dar cuenta y el peso de esa eternidad en la cual estás a punto de caer, ¡verás que ha llegado la hora de pensar!
¡Ya es hora de mirar a tu alrededor! Aprende a pensar más allá de lo que se encuentra justo frente a ti, aquello que afecta los sentidos y la imaginación, para ver también las causas, las consecuencias y el porqué de las cosas. [Aprende] a descubrir verdades; a comparar la una con la otra, a basar un argumento sobre estas y a aplicarlas a tu vida y ver sus implicaciones. [No te] aferres a lo primero que surja en tu mente, sino a lo que debe tener el primer lugar y a lo que merece ser considerado primero. Hay multitudes de personas que son destruidas por ser irreflexivas. La desconsideración arruina a miles y muchas almas valiosas perecen simplemente por falta de atención: “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos” (Hag. 1:5). Entra en tu propia alma: Comienza a familiarizarte con ella. Será el conocimiento más provechoso que puedas encontrar y tendrá los mejores resultados a tu favor… Saca tiempo para pensar, que tu deseo sea estar a solas de vez en cuando, que la soledad y el retirarte no sea una causa de incomodidad para ti, ya que tienes un corazón propio con el cual puedes hablar y un Dios que está cerca de ti con el cual puedes tener una comunión agradable.
Aprende a pensar libremente; Dios te invita a que así lo hagas. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta” (Is. 1:18). Nuestro deseo no es que confíes ciegamente en nosotros, sino que investigues el asunto imparcialmente como hicieron los nobles bereanos, que escudriñaron cada día las Escrituras para ver si las cosas que los apóstoles le habían dicho eran así (Hch. 17:11).
Aprende a pensar por ti mismo; a pensar sobre ti mismo, a pensar con ahínco. Reflexiona sobre lo que eres y de lo que eres capaz. Piensa en Quien te creó, para qué fuiste creado y con qué propósito fuiste dotado con la capacidad del razonamiento… Piensa, por lo tanto, si ya no es hora de que hasta el más joven comience a tener fe en Cristo y a entrar por la puerta estrecha (Mt. 7:13-14).
Y en lo que tiene que ver con tus acciones particulares… reflexiona sobre lo que vas a hacer antes de hacerlo para que no tengas motivo de arrepentirte de ello después. No hagas nada precipitadamente… Reflexiona sobre el camino de tus pies para que sea un camino recto. Algunas personas se enorgullecen de ser descuidados. Les puedes decir sobre algún asunto del cual fueron advertidos [y] ellos lo ignoran con esta excusa: Por su parte, nunca siguen el consejo. No se preocupan por nada de lo que se les dice, ni tampoco [han] pensado en ello desde entonces; de esta forma se glorían en su vergüenza. Pero [no seas] negligente como ellos… Comienza a haber esperanza para los jóvenes cuando empiezan a buscar con todo el corazón aquellas cosas sobre las que se les testifica y a pensar sobre ellas con el razonamiento que le corresponde al hombre y la atención que estas merecen.
Cauteloso y prudente
Debes ser cauteloso y prudente, no voluntarioso e impetuoso. La palabra que se usa en el texto es la misma que se traduce como “ser prudente” (Tit. 2:5). Es importante que no sólo pienses racionalmente; sino también que, después de haberlo hecho, te comportes sabiamente… Camina con cautela: Mira lo que te queda en frente, mira a tu alrededor, mira lo que está debajo de tus pies y escoge tu camino cuidadosamente: No como necio sino como sabio (Ef. 5:15). Cuando David salió a enfrentarse con el mundo, su propósito fue: “Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mí” y dice también: “En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Sal. 101:2). Por lo tanto, vemos que su propósito se cumple y que Dios contesta su oración: “David se conducía prudentemente en todos sus asuntos, y Jehová estaba con él” (1 S. 18:14).
Apártate de la insensatez infantil y así también de las otras cosas que pertenecen a la inmadurez y no pienses ni hables como un niño durante toda la vida… La ciencia del prudente está en entender su camino, sus propios asuntos, [y] no en censurar a los demás. Esta sabiduría será beneficiosa en todo caso para ayudarte a escoger las medidas, los pasos que debes tomar… “Sé sabio, hijo mío… Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Pr. 27:11; 4:7)… No digas: “Haré esto o aquello; he resuelto hacerlo… ¡sin importar que me digan lo contrario! Andaré en los caminos de mi corazón y en la vista de mis ojos, sin importar lo que me cueste”. Nunca hagas determinación alguna que no esté regida por la sabiduría… Consulta con aquellos que son buenos y sabios. Pregúntales que harían si estuvieran en tu posición y encontrarás que “en la multitud de consejeros hay seguridad” (Pr. 11:14)
Pero, ¿quieres ser sabio? ¿No solamente que los demás piensen que eres sabio, sino realmente serlo? Entonces estudia las Escrituras. A su luz obtendrás más entendimiento que los antiguos, más que todos tus maestros (Sal. 119:99-100). Observa la actitud y el mal comportamiento de los demás para que puedas imitar a los que hacen el bien y para que el ejemplo de los que hacen el mal te sirva de advertencia. Observa a ambos para recibir la enseñanza.
Pero debes ser especialmente ferviente en la oración a Dios para obtener sabiduría, así como lo fue Salomón. Su oración fue tanto agradable como exitosa en el cielo. Si alguna persona, si cualquier joven, “tiene falta de sabiduría” y es consciente de que le hace falta, tiene instrucciones sobre lo que debe hacer, el camino a seguir es claro: “Pídala a Dios” (Stg. 1:5). Se le anima a hacerlo: “Porque Jehová da la sabiduría”. Le pertenece y por eso la puede dar (Pr. 2:6). Él se deleita en darla y la otorga con liberalidad. Les presta una atención particular a los jóvenes a la hora de proporcionar este don, puesto que su Palabra fue escrita para dar al joven “inteligencia y cordura” (Pr. 1:4). …Existe una promesa expresa para todo el que busca como debe y es que su búsqueda no será en vano. No es una promesa con un “por ventura”, sino que incluye la más amplia garantía: “Y le será dada” (Stg. 1:5). Para todos los verdaderos creyentes, Cristo mismo es y será hecho por Dios sabiduría (1 Cor. 1:30).
Humilde y modesto
Sé humilde y modesto, en vez de orgulloso y presumido… La siguiente es una observación que he hecho basado en lo poco que he podido conocer del mundo: He visto que los jóvenes son más bien arruinados por el orgullo que por cualquier otra lujuria. Por consiguiente, permíteme que con toda seriedad te presione en cuanto a este asunto; me refiero a una advertencia que se introduce con una solemnidad que va más allá de lo ordinario: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros”. ¿Cuáles son las palabras que de este modo son descritas como un mensaje de origen divino y que les concierne a todos? Son las siguientes: Que ningún hombre “tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” (Ro. 12:3).
Mantén una mesurada opinión de ti mismo, de tus dones externos e internos, de tus logros y progreso, y de todo tu rendimiento, todas las cosas que llamas mérito y excelencia… Que los apuestos no se gloríen en su belleza ni los ingeniosos en su inteligencia porque no puede existir algo que más disminuya la gloria de ellos que el que se diga que tal o cual es atractivo e inteligente, pero lo sabe… Deléitate más en hacer y decir lo que merece elogio que en el que te alaben por ello porque “¿qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co. 4:7). ¿Y qué has recibido de lo cual no hayas abusado? Entonces, ¿por qué te glorías?
Mantén un sentido constante y sensible de tus múltiples defectos y debilidades. [Reflexiona] sobre todo lo que hay en ti y cuánto de lo que dices y haces cada día te da razón para sentirte avergonzado y humillado… Medita con frecuencia sobre las cosas que te humillan y que tienden a derrocar la alta opinión que tienes de ti mismo. Mantén un sentido humilde de tu dependencia necesaria y constante en Cristo y en su gracia, sin la cual no eres nada y pronto serías menos que nada.
No pienses que eres demasiado sabio, bueno o maduro como para no recibir reprensión por lo que está mal y para que te enseñen a comportarte mejor. Cuando tengas el doble y el triple de la edad que ahora tienes, todavía no serás demasiado viejo como para aprender y aumentar en saber. “Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Co. 8:2). Por lo tanto, el que parece ser sabio, que parece serlo ante sus propios ojos y también ante los demás: “Hágase ignorante, para que llegue a ser sabio” (1 Co. 3:18)… No confíes en tu propio juicio, ni seas obstinado, ni mires a los que no piensan como tú con desprecio… No te avergüences por nada que no sea pecado… No puede haber una deshonra más grande para ti que el comportarte descuidadamente. No pienses que estás por encima de los deberes de la fe cristiana, como si la oración no estuviera a tu altura, ni tampoco el escuchar la Palabra y participar en las obras de devoción porque en realidad, el honrar a Dios de esta manera es el más grande honor que puedes tener….
Templado y abnegado
Debes ser templado y abnegado, y no ser indulgente en cuanto a tus apetitos. Es la misma palabra que en el texto se traduce como “prudentes” en el versículo dos y es una de las lecciones que los hombres ancianos deben aprender. Algunos piensan que el significado apropiado es “un uso moderado de la comida y la bebida”… Quiero advertir a los hombres jóvenes que deben temer el pecado de la borrachera. Mantén tu distancia de él. Evita toda lo que se asemeje a este pecado y todo lo que te acerque a él. Ha matado a sus miles, a sus diez miles de jóvenes. Ha arruinado su salud, les ha traído enfermedades y los ha destruido en la flor de su juventud. ¡Cuantos han caído como sacrificios de quienes nadie se apiada por causa de esta pasión vulgar! …Deberías temblar al pensar en cuan fatales son sus consecuencias, como te incapacita para el culto a Dios por la noche, sí, y para tus propios negocios en la mañana… pero esto no es lo peor: Destruye las convicciones y las chispas de devoción y hace que el Espíritu de gracia se aparte. Será la ruina eterna del pecador si éste no se arrepiente y la abandona a tiempo. La Palabra de Dios lo ha dicho y no se puede desdecir; no se puede negar que los borrachos “no heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:9)… Si vieras como el diablo coloca la copa de la borrachera en tus manos, me atrevo a decir que no la aceptarías. Puedes estar seguro que la tentación a hacer tal cosa viene de él. Por lo tanto, deberías temerlo como si así lo estuvieras viendo. Si vieras que alguien vierte veneno en el vaso, no beberías de él. Y aquello que provoca a Dios y arruina tu alma es peor que el veneno. Contiene algo peor que la muerte; el infierno está en esa copa. ¿Entonces por qué no la rehúsas?…
Quizá te identificas públicamente con el Señor Jesús al participar en su Mesa: ¿Te atreves a participar de la Cena del Señor y también de la copa de los demonios? Que los cristianos, siendo hechos reyes y sacerdotes para nuestro Dios, se apliquen a sí mismos la lección que la madre de Salomón le enseñó: “No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino” (Pr. 31:4). Entonces tampoco es para los cristianos el beber vino, sino con gran moderación: “No sea que bebiendo olviden la ley”, olviden el Evangelio (Pr. 31:4, 5). …Aprende a tiempo a disfrutar de los deleites que son racionales y espirituales y, entonces, ya no tendrán atractivo para ti aquellos placeres que son brutales y que corresponden solamente a los animales. Ten cuidado de que, al ser complaciente con el cuerpo y con sus lujurias, llegues poco a poco a tener el carácter oscuro de aquellos que son “amadores de los deleites más que de Dios” (2 Ti. 3:4). El cuerpo está hecho para que sea siervo del alma y debe tratarse conforme a este principio. Debemos darle, como se debe hacer con los siervos, aquello que es justo y equitativo. Debemos permitir que tenga lo que es justo, pero sin dejarlo dominar… Niégate a ti mismo. De esta manera, harás que sea más fácil para ti y podrás lidiar de mejor manera con las calamidades comunes de la vida humana, así como con los padecimientos por la justicia. Aquellos que quieren ser aprobados como buenos soldados de Jesucristo deben soportar la dificultad, deben acostumbrarse a ella (2 Tim. 2:3).
Benévolo y gentil
Debes ser benévolo y gentil, y no dejarte llevar por tus pasiones. La palabra que aquí se usa significa moderación, una sensatez mental que es lo opuesto al frenesí y a la violencia… Los jóvenes son especialmente tendientes a airarse y enfurecerse, a resentirse ante los agravios y a buscar la venganza… Por lo tanto, sus emociones están descontroladas porque no se le ha dado muerte al orgullo. Aman la libertad y, por lo tanto, no pueden soportar que los controlen. Están asidos de su propia opinión y, por lo tanto, no pueden soportar que los contradigan. [Pero] se aíran muy rápidamente si alguien se atreve a contradecirlos… Aprende ya a controlar tu ira, a cuidarte de las chispas de la provocación para que no caigan en la yesca. Si el fuego se prende, apágalo inmediatamente dándole la orden a tu alma de que esté en paz y guardando la puerta de tus labios. Cada vez que seas ofendido o pienses que has sido ofendido, no te esmeres por demostrar la astucia de una respuesta aguda que hará subir el furor, sino la sabiduría y la gracia de una blanda respuesta que quita la ira (Pr. 15:1)… A todos los argumentos que la razón nos presenta a favor de la mansedumbre, el cristianismo añade (1) la autoridad del Dios que nos creó, quien prohíbe la ira insensata como homicidio de corazón; (2) el ejemplo del Señor Jesucristo quien nos compró y nos manda a aprender de Él a ser mansos y humildes de corazón; (3) las consolaciones del Espíritu que tienen una tendencia directa a hacer que seamos agradables para con nosotros mismos y para con los demás y (4) nuestras experiencias de la misericordia de Dios y de su gracia al ser paciente con nosotros y perdonarnos. ¿Será que esta institución divina y celestial no cumplirá con sus propósitos de quitar la raíz de amargura que produce hiel y ajenjo? ¿No nos convertirá en personas apacibles, amables, benignas, que son las características resplandecientes y benditas de la sabiduría de lo alto (Stg. 3:17)?
Si permites que el poder de tus pasiones [aumente] ahora [mientras] eres joven, estarás en peligro de que lleguen a ser más y más fuertes y que te conviertan en alguien que está perpetuamente inquieto. Sin embargo, si aprendes a dominarlas ahora, podrás mantener este dominio fácilmente y entonces mantener la paz en tu corazón y en tu hogar. Por medio de la gracia de Dios, ni siquiera la enfermedad ni la vejez podrán convertirte en un malhumorado, ni dañarán tu temperamento, ni amargarán tu espíritu. Por lo tanto, que sea parte del adorno de la juventud el vestirse: “Como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Col. 3:12). Tu edad está hecha para el amor: Permite que el amor santo sea entonces, una ley en tu vida.
Casto y reservado
Debes ser casto y reservado, no licencioso e impuro. Tanto los padres griegos como los filósofos utilizan la palabra que significa ser casto. Cuando aquí se habla de ella como el deber particular de los hombres jóvenes, sin duda el significado de la palabra debe interpretarse como “las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia” (Gá. 5:19). Se denominan de forma particular como “pasiones juveniles” (2 Ti. 2:22). Y en contra de estas, en el nombre de Cristo, estoy aquí para advertirte a ti que eres joven. Por Dios y por tu propia alma que es de gran valor, ¡huye de estas pasiones juveniles! Que te inspiren temor, así como lo haría un fuego devastador o una plaga destructora, y mantente alejado de ellas. Apártate de toda apariencia de este tipo de pecado: Aborreciendo aún la ropa contaminada por la carne, hasta el atavío de la ramera (Pr. 7:10). No desees conocer estas profundidades de Satanás, sino más bien, alégrate porque ignoras el camino de la mujer adúltera. Debes ver que todas las tentaciones a la inmundicia proceden del espíritu de inmundicia, ese león rugiente que siempre anda alrededor, buscando devorar a los jóvenes (1 P. 5:8). ¡Oh, que pronto aprendas a aborrecer este pecado y a sentir odio hacia él! …Que tu propósito firme y constante sea que, en la fortaleza de la gracia de Jesucristo, nunca te contaminarás con él. Recuerda lo que el Apóstol señala como aquello que debe ser la preocupación constante del soltero: El ser santo, tanto en cuerpo como en espíritu, para agradar al Señor (1 Co. 7:34).
Guárdate de los inicios de este pecado para que Satanás no tome ventaja sobre ti en cualquier cosa… ¡Cuan encarecidamente Salomón advierte al hombre joven a guardarse de los anzuelos para que no caiga en las trampas de la mujer malvada! Le dice: “Aleja de ella tu camino”. ¡El que quiere guardarse del mal debe alejarse del peligro! “No te acerques a la puerta de su casa” (Pr. 5:8). Cruza la calle como lo harías si la casa estuviera contaminada para que “no gimas al final, cuando se consuma tu carne y tu cuerpo, y digas: ¡Cómo aborrecí el consejo, y mi corazón menospreció la reprensión!” (Pr. 5:11-12). Ora encarecidamente a Dios para que te otorgue su gracia para guardarte de este pecado y para que su gracia te baste… ¡Busca el que tu corazón sea purificado por la Palabra de Dios y santificado por el amor divino! ¿Porqué de qué otra forma limpiará el joven su camino, sino es por medio de “guardar [la] palabra” (Sal. 119:9)?
Haz un pacto con tus ojos para que no le den acceso a ningún pensamiento impuro ni dejen salir ningún deseo impuro (Job 31:1). Haz la oración de David: “Aparta mis ojos, que no vean la vanidad” (Sal. 119:37), de modo que nunca mires para codiciar.
La modestia es la cerca de la castidad y el adorno de tu edad. Por lo tanto, asegúrate de guardarla. Que tu vestimenta y tu porte sean muy modestos, tal que den testimonio de “[tu] conducta casta y respetuosa” (1 P. 3:2). Haz que sea evidente que tú sabes cómo ser agradable y alegre sin violar las más estrictas reglas de la modestia…
Contenta y tranquila
Debes ser una persona contenta y tranquila, no ambiciosa ni pretenciosa… Una mente sobria es aquella que se acomoda a cada situación de la vida y a todo evento de la Providencia, de tal modo que, sin importar los cambios que ocurran, tiene dominio propio y puede disfrutar de sí misma. Tú que eres joven debes aprender pronto a aceptar tu porción. Saca el mayor provecho de lo que es porque es la voluntad de Dios que sea así como es. Lo que a Él le place, debe también placernos a nosotros. Él sabe, mejor que nosotros, cuál es la decisión adecuada y lo que más nos conviene. Que esto controle todos tus pensamientos inquietantes e inconformes. ¿Piensas que las cosas deben ser como tú quieres que sean? ¿Será que tú, que eres de ayer, lo controlarás a Él, reñirás con Él o le prescribirás a Aquel cuyo consejo es desde el principio, desde los días de la eternidad? Es necedad el dar instrucciones a la disposición divina, más el someterse a ella es sabiduría.
Él que “ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación” (Hch. 17:26) es quien dispuso cual sería tu rango y posición en el mundo, quienes serían los padres de los cuales ibas a nacer, en qué situación ibas a nacer y cual sería tu forma y capacidad mental y física… Algunos nacen con riqueza y honor, otros con pobreza y en el anonimato. Algunos parecen haber sido marcados y hechos… por el Dios de la naturaleza para ser grandes e importantes, mientras que otros parecen estar sentenciados a ser pequeños e inferiores todos sus días… No te preocupes por el lugar en que la Providencia de Dios te ha puesto. Debes estar tranquilo en él y sacarle todo el provecho que puedas, como aquellos que están convencidos que todo lo que Dios hace está bien, no sólo en lo general, sino también en lo particular: Todo lo que Él hace contigo está bien. Ahora eres joven; entonces llena tu mente con reverencia por la divina Providencia: Su soberanía, sabiduría y bondad… Piensa que tienes la mejor porción cuando el Señor es la porción de tu herencia y de tu copa (Sal. 16:5). Entonces di: “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos” (Sal. 16:6). Lo que más te conviene es aquello que le trae mayor bien a tu alma. Y en esto debes descansar sobriamente y estar satisfecho… Que las personas jóvenes sean modestas, moderadas y sobrias en cuanto a sus deseos y a sus expectativas con respecto a las cosas buenas temporales, como le corresponde a aquellos que ven a través de éstas, más allá y por encima de ellas a las cosas que no se pueden ver y que son eternas (2 Co. 4:18).
Sosegado y serio
Debes ser sosegado y serio, en lugar de vano y frívolo… Menciono esto como el último de los ingredientes de la prudencia porque ejercerá una gran influencia sobre todo lo demás. Seríamos completamente convincentes con los jóvenes si pudiéramos convencerlos de que sean serios. Queremos conducirlos a una piedad seria… No es que queremos obligar a los jóvenes a que nunca estén alegres o que tenemos algún plan malévolo para hacer que sean melancólicos. No, ¡la fe cristiana les permite estar alegres! Es tu hora: Sácale el mejor provecho. Vendrán días malos, de los cuales dirás: “No tengo en ellos contentamiento” (Ec. 12:1). Es entonces cuando las preocupaciones y las penas de este mundo pesarán más sobre ti y no queremos que te le adelantes a esos días malos… Dios espera que le sirvamos con alegría y con gozo de corazón por la abundancia de todas las cosas (Dt. 28:47). ¡Es cierto que nadie tiene razones más válidas para estar alegre que las personas piadosas! Nadie puede estar sobre un fundamento mejor o tener mejor gracia, con tanta justicia y seguridad. Como he dicho con frecuencia, y debo tomar ventaja de toda ocasión para repetirlo, una vida santa, celestial, empleada en el servicio de Dios y en comunión con Él, es sin duda la vida más placentera y cómoda que pueda vivir cualquiera en este mundo.
Pero eso de lo cual te advierto en esta sección es una frivolidad vana y carnal, esa frivolidad que es la risa del necio, de la cual Salomón dice: “Enloqueces… ¿De qué sirve esto?” (Ec. 2:2). La alegría inocente es muy útil en su lugar y en su hora. Servirá para animar el espíritu y para hacerte apto para los negocios. “El corazón alegre constituye buen remedio” (Pr. 17:22), pero entonces debe utilizarse como la medicina. Debe tomarse solamente cuando existe la necesidad para ello y no constantemente como si fuera nuestro pan diario… Da lugar a la risa y al juego solamente hasta donde estos sean consecuentes con la prudencia y nada más. Sé alegre y también, sé sabio. Nunca permitas que tu alegría viole las leyes de la piedad, el amor, la modestia, ni tampoco que interfiera con el tiempo de devoción y de servicio a Dios… Cuando Cristo estaba aquí en la tierra, curando todo tipo de dolencia y toda clase de enfermedad, no había otro tipo de paciente del cual Él tuviera mayor número que de los que eran dementes. Su locura era el resultado de estar poseídos por el diablo. Éste era el triste caso de muchas personas jóvenes. Vemos como los padres expresan quejas de esta naturaleza con respecto a sus hijos: Uno tiene una hija, otro tiene un hijo, gravemente atormentado por un demonio, pero Cristo los sanó a todos, despojó a Satanás y así los restauró para que otra vez tuvieran control sobre sus propias almas. Se dice sobre algunos de los que Él sanó de esta forma que después se sentaron a los pies de Jesús: “Vestido[s], y en su cabal juicio” (Lc. 8:35). [En su cabal juicio es la palabra que se usa en Tit. 2:6 como “prudentes”]. En la medida en que el pecado reina en ti, Satanás también reina y tu alma está bajo su dominio. Al echar fuera demonios, Cristo nos dio un ejemplo y una indicación del gran propósito de su Evangelio y de su gracia, que era el de curar a los hombres de su locura espiritual al romper el poder de Satanás en ellos. ¡Oh! que tú, por lo tanto, acudas a Él, que te sometas a la Palabra de su gracia y que ores para que puedas recibir el Espíritu de su gracia. De este modo será evidente que ambas han tenido la influencia debida sobre ti, si te sientas a los pies de Jesús en tu cabal juicio, con una mente sobria. Y, de hecho, nunca llegamos a estar en nuestro cabal juicio hasta que no nos sentamos a los pies de Jesús para aprender de Él y ser gobernado por Él. Nunca somos criaturas realmente racionales hasta que en Cristo llegamos a ser nuevas criaturas.
Tomado de “Sobermindedness Recommended to the Young” (La prudencia recomendada a los jóvenes) en The Miscellaneous Works of Rev. Matthew Henry (Las obras diversas de Matthew Henry), Tomo 1, publicada por Robert Carter and Brothers, 1855.
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Matthew Henry (1662-1714): Predicador presbiteriano, autor y comentarista; nació en Broad Oak, en las fronteras de Flintshire y Shropshire, en Inglaterra.