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Estamos plenamente persuadidos de la preeminencia de la fe; veamos ahora la razón para empuñar el escudo de la fe. El argumento más poderoso se contiene en estas palabras: “Con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16). “Podáis” no es un incierto “tal vez puedas”, sino una afirmación absoluta. ¿Puedas hacer qué? “Apagar”; no solo resistir y repeler, sino extinguir. Entonces, ¿qué apagaremos? No solamente las tentaciones normales, sino las flechas más mortíferas que tenga el diablo en su aljaba: “los dardos de fuego”; y no unos pocos, sino todos los dardos de fuego del maligno. La segunda parte explora dos aspectos en particular de la guerra espiritual: una descripción del enemigo (“el maligno”) y el poder de la fe para vencerlo.

Descripción del enemigo

Las Escrituras describen tres aspectos del enemigo del creyente: su naturaleza, su unidad y sus dardos de fuego.

1.- La naturaleza del enemigo

En Efesios 6:12 se le llama a Satanás “huestes espirituales de maldad”. Dios debe de tener una lección especial para su pueblo con este atributo del diablo, al representarlo con ese nombre. Vemos por lo menos dos razones para el uso de la palabra “maldad” en la descripción del enemigo de todo cristiano.

Primera, Dios utiliza esta palabra para recordar a sus hijos que deben odiar el pecado y resistir a Satanás. El nombre que más exalta a Dios es “Santo”. En consecuencia, la Escritura le pone al diablo la marca más negra e infame al llamarle “el maligno”. Si se pudiera separar la santidad de las demás características de Dios (lo cual sería la peor blasfemia), se disiparía la gloria de estas. Si fuera posible disociar la maldad del diablo de sus tormentos y desdicha, también cambiarían mucho las cosas. Hay que detestarlo con odio perfecto.

Si no te da vergüenza vivir en pecado, te pareces al mismo diablo. No pretendas burlarte del nombre de Satanás o temerlo, pues en ti está su retrato más verídico, impreso en el pecado que eliges. Se dice que Caín “era del maligno” (1 Jn. 3.12). Si eres malo, eres del diablo. Cada pecado cometido es un nuevo trazo diabólico en tu alma. Si la imagen de Dios en el creyente, que el Espíritu tarda años en grabar en él, acabará constituyendo un retrato asombroso de Cristo cuando se haya plasmado la última línea allá en el Cielo, imagínate lo temible y terrible que podría ser tu aspecto después de los esfuerzos del diablo por imprimir sobre ti su apariencia, aliándote en el Infierno, donde tendrás tiempo para ver la plenitud de la muerte y la maldad reflejadas inequívocamente en tu ser.

¡Qué lástima de las almas terrenales que están controladas por el poder de este maligno! David clasifica esto entre otras grandes maldiciones: “Pon sobre él al impío, y Satanás esté a su diestra” (Sal. 109:6). Prefiere ser el más miserable prisionero de la nación que el mejor siervo del pecado y Satanás. Salomón dice: “Cuando domina el impío, el pueblo gime” (Pr. 29:2). Los pecadores engañados ríen cuando señorea el diablo, pero tú puedes gemir por quienes se ríen del pecado y van al Infierno por su causa.

Recuerda que Satanás es el maligno y no puede hacer ningún bien. Ya que conoces la felicidad de servir al Dios Santo, tendrás preparada la respuesta cuando este maligno venga para incitarte al pecado. ¿Quieres mancharte las manos en su vil servicio después de haberlas utilizado para el puro y noble servicio de Dios? Ni escuches siquiera las excusas de Satanás, si no quieres llevar el sobrenombre de “maligno”.

La segunda razón por que Dios llama a Satanás “el maligno” es para alentar a los creyentes en el combate. Es como si Dios dijera: “No le tengas miedo; te enfrentas a una compañía malvada. Y sus defensores también son malvados”. Esto le daría valor a un cobarde para pelear contra esa chusma.

La maldad es necesariamente cobarde. La culpa de los demonios les dice que su causa está perdida antes de luchar siquiera. Te temen, cristiano, por tu santidad; no tienes que tener tú miedo de ellos. Cuando los consideras sutiles, poderosos, y numerosos, tu corazón late con fuerza; pero tenlos por espíritus viles e impíos que odian a Dios más que a ti. La única razón por que se molestan en odiarte es por tu relación con él. ¿De parte de quién está Dios? Antiguamente reprendió a los reyes por tocar a sus ungidos. ¿Se quedará parado ahora dejando que estos malvados amenacen su vida que está en ti sin rescatarte? Imposible.

2.- La unidad del enemigo

Todas las legiones de demonios y las multitudes de hombres malvados forman un solo cuerpo místico de maldad; igual que

Cristo y sus santos son también un solo cuerpo místico de santidad. Un Espíritu une a Cristo y a sus santos, y un espíritu une a los demonios y a los impíos. Todos los dardos los dispara el mismo arco con la misma mano. Entonces, la batalla del creyente es un duelo con un gran enemigo; pero este enemigo reúne todas sus fuerzas para armarse con dardos de la peor clase.

3.- La provisión guerrera del enemigo

Los dardos diabólicos son tentaciones que apuntan con exactitud asombrosa a las almas humanas. Estas tentaciones se llaman “dardos” por tres razones.

a.- Los dardos son veloces

El Salmista llama “saetas” divinas a los relámpagos por su velocidad: “Envió sus saetas, y los dispersó; lanzó relámpagos, y los destruyó” (Sal. 18:14). Las tentaciones diabólicas vuelan como rayos. Satanás no necesita más que un instante para enviar una tentación: David mira a Betsabé, y la saeta diabólica se clava en su corazón antes de que pueda apartar la mirada.

A veces una palabra o dos aceleran la saeta diabólica de la tentación. Cuando sus siervos le informaron de que Nabal le había agraviado, la ira de David fue lo que hizo que el dardo de la venganza se clavara en su corazón. ¿Qué es más rápido que un pensamiento? Una idea necia surge, y nuestro corazón de repente corre tras ella como un perro tras la presa que salta delante de él cuando va a la zaga de su amo. Si una tentación no hiere, Satanás manda otra enseguida; ni bien se dispara un dardo, el astuto arquero coloca otro en la cuerda.

    b.- Los dardos vuelan en secreto

    Lo mismo sucede con las tentaciones. La flecha viene de tan lejos que podemos encontrarnos heridos sin llegar nunca a ver quién nos disparó. Los malos lanzan sus dardos “a escondidas” (Sal. 64:4). Satanás dispara una tentación: a veces utiliza la lengua de la esposa para sus fines, otras se pone tras el marido o el amigo y no se le ve actuar. ¿Quién habría sospechado que Abraham sería instrumento de Satanás para incitar a su esposa al pecado?

    A veces el diablo es tan taimado que falsifica el arco divino para disparar sus dardos, y el cristiano cree que es Dios quien le está riñendo. Job clama a causa de “las saetas del Todopoderoso” y de su “veneno” (Job 6:4), cuando es Satanás quien se ha ensañado con él. Dios era buen amigo de aquel hombre, pero permitió que el diablo lo probara. El pobre Job protestaba como si Dios hubiera abandonado su amistad con él para hacerse su enemigo.

    Los dardos de Satanás no solo son veloces y furtivos, sino que hacen poco ruido en su vuelo; no avisan de su llegada. La tentación se acerca imperceptiblemente: el ladrón entra antes de que pensemos en cerrar las puertas. El viento se mueve en secreto, como dice nuestro Salvador: “Ni sabes de dónde viene, ni a dónde va, pero oyes su sonido” (Jn. 3:8). Con el mismo silencio Satanás urde tentaciones insospechadas contra el cristiano.

    c.- Por naturaleza, los dardos hieren y matan

    Esto es especialmente cierto cuando los dispara, con un arco fuerte, un arquero que tiene la fuerza necesaria para tensarlo. Las tentaciones de Satanás son así: están apuntadas con malicia mortal, y tensadas con una fuerza sobrenatural. Si Dios no nos proporcionara una buena armadura, nos sería imposible resistir el poder del diablo y llegar a salvo al Cielo.

    Jesús quiere que seamos conscientes de la fuerza de los ataques seductores del diablo, porque nos enseña a pedir al Padre: “No nos metas en tentación” (Mt. 6:13). Cuando Cristo oró así, acababa de probar la astucia y fuerza tentadoras de Satanás; a quien con su sabiduría y poder es bien capaz de vencer, ¡pero las cuales sabe que pueden derrotar aun a los santos más fuertes!

    Exceptuando a Cristo, Satanás ha logrado engañar a todos los seres que han vivido en este mundo. Solo Jesús tuvo la prerrogativa de ser tentado sin caer en la tentación. Job, un jefe del ejército de Dios, descrito por el Padre como “perfecto y recto” (Job 1:1), recibió graves heridas de los dardos de Satanás. Pero, en su momento, Dios fue fiel para sacarlo de las garras del diablo y traer sanidad y restauración a su siervo.

    El armamento de guerra de Satanás no solo incluye flechas sino “dardos de fuego”. Algunos eruditos creen que este “fuego” se refiere a cierta clase de tentación, como podrían ser la blasfemia o la desesperación, pero ya que la fe es el escudo para toda tentación, vemos que cualquier dardo de Satanás es incendiario. ¿Entonces por qué la Escritura los llama dardos “de fuego”?

    Primero, Satanás los dispara con ira ardiente. Este dragón escupe fuego de indignación contra Dios y todos sus santos. Saulo respiraba “amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hch. 9:1). Como el que arde interiormente, su aliento quemaba: un chorro calcinante de rabia perseguidora salía de él como de un horno candente. Tal tentación es el hálito de la furia diabólica.

    Además, estos dardos son incendiarios porque si no se apagan, llevan a la persona al fuego del Infierno. Hay una chispa infernal en cada tentación. Toda tentación se dirige al Infierno y la condenación, según el propósito y la intención de Satanás.

    Finalmente, y lo que es más importante, los dardos diabólicos son incendiarios por sus efectos malignos en el espíritu humano: prenden fuego en el corazón y la conciencia. El apóstol alude a la costumbre de ciertos enemigos crueles que mojaban la punta de los dardos en veneno, convirtiéndolos en aún más mortíferos. No solo herían la parte que penetraban, sino que infectaban todo el cuerpo, haciendo casi imposible la curación.

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    Extracto del libro:  “El cristiano con toda la armadura de Dios” de William Gurnall

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